Del director

La prioridad ante el incendio

19/08/2019

No hay mal que cien años dure. Eso ya lo sabemos pero una cosa es la certeza de que acabará pasando y otra la congoja y el dolor que genera mientras se produce. Es lo que uno siente viendo las imágenes del incendio en Gran Canarias, siguiendo las noticias de su evolución e intentando ponerse en la piel de esas miles de personas que, de repente, reciben la orden de ser desalojados de sus casas por su seguridad. Con la incertidumbre añadida de no saber qué vas a encontrar en el momento del retorno.

«Somos conscientes del impacto del fuego en un terreno en el que no estamos sobrados de masa forestal»

Gran Canaria se ha enfrentado a situaciones similares en el pasado reciente y ha salido adelante. Eso también lo sabemos pero cuesta también encontrar consuelo en esa certeza. De hecho, el recuerdo quizás aumenta la desolación: somos conscientes del impacto del fuego en un terreno en el que no estamos sobrados de masa forestal y por eso mismo calibramos mejor la dimensión de la catástrofe.

A la espera de mejores noticias, no queda otra que apuntarnos en este momento a los mensajes de ánimo a quienes trabajan en primera línea para frenar el avance de las llamas y en la retaguardia para aminorar la pesadumbre de los evacuados. Poco se consigue ahora embarcándonos en el incendio virtual, esto es, ese que avanza sin freno en las redes sociales. Porque así como todo español cree saber tanto como el más experimentado entrenador de fútbol, también muchos se sienten como el más sabio de los jefes de bomberos. Y en la pira de internet el fuego también se expande con el viento de la libertad. Todo el mundo tiene derecho a opinar lo que considere pero igualmente no está escrito que todas las opiniones sean acertadas. Es más, es materialmente imposible que todas lo sean al mismo tiempo.

Lo que sí empieza a ser incuestionable es que vivimos en una tierra especialmente sensible ante los estragos del fuego. Esa orografía tan impactante y singular, la misma que dejó anonadado a Miguel de Unamuno cuando visitó las cumbres de Gran Canaria, reúnen unas características propicias, junto con el clima, para que una simple chispa derive en poco tiempo en un gran incendio. Estar preparados para incidencias como la presente -asumiendo de que impedirlo al 100% es materialmente imposible- nos obligará a modificar muchas cosas: infraestructuras, políticas, legislación, normativas, planes de desarrollo y de contingencia, protocolos... y también presupuestos. Todo tiene su coste y dormir en la tranquilidad absoluta no es barato.

Pero insisto: todo eso tendrá su tiempo. No se trata de dejarlo pasar sino de no perder tiempo, esfuerzo y más lágrimas en incendios paralelos que no apagan el que ahora nos ocupa.