La arista

La prensa libre te necesita

18/08/2018

La gravedad de los ataques a la prensa para desprestigiarla y dejarla fuera del sistema son directamente proporcionales a los intentos de su control económico y político. Ambas prácticas responde a un mismo patrón, el de las actitudes antidemocráticas inspiradas por el populismo. No se puede creer en la democracia y en el papel de la libertad de expresión y buscar la aniquilación o el control de los medios de comunicación, una tentación a la que sucumben políticos de distinto signo en cualquier rincón del planeta.

Internet primero, la crisis económica después y ahora las campañas de descrédito del populismo que se instala lentamente como pensamiento dominante en distintas partes del mundo, incluidas las más democráticas y avanzadas del planeta, ponen en riesgo uno de los pilares de la convivencia democrática, la libertad de expresión de los distintos grupos que confluyen y pugnan por el poder dentro el estado de Derecho. No es una cuestión de corporativismo, pero creo que yo, mis compañeros y las empresas en las que trabajamos, encarnamos una parte de esa responsabilidad democrática. No soy yo, ni mi empresa, los que garantizamos la totalidad de ese derecho, pero sí una parte importante. Es la libre competencia entre empresas periodísticas la que garantiza la posibilidad de leer, escuchar y ver lo que todos tenemos que decir en la sociedad para elegir con libertad, las ideas, los valores y hasta los productos que queremos consumir.

«Es la libre competencia entre empresas periodísticas la que garantiza la posibilidad de leer, escuchar y ver lo que todos tenemos que decir en la sociedad para elegir con libertad»

Y eso es lo que está en riesgo y lo que un demócrata tiene que combatir. De forma lastimosa muchos de los actores de la vida pública de las democracias occidentales que hoy se visten de demócratas ahondan en las heridas de la prensa para desprestigiarla o someterla.

Una de las democracias más sólidas del mundo, la de Estados Unidos, también tiene una prensa fuerte, contra la que el propio presidente Donal Trump inició hace años una fuerte campaña de descrédito. A pesar de todo su inmenso poder no ha logrado su control. La libre competencia, la propia democracia que permite la pugna de poderes, sostiene la libertad de expresión, y otorga a las empresas periodísticas un papel muy relevante que todo un presidente como Trump no logra resquebrajar. Dentro de la campaña que sufre la prensa, hay que valorar esa fortaleza, la de las empresas que siguen apostando por sus negocios, que no es otro que informar con rigor y libertad a sus lectores, a pesar de las presiones y las malas artes con las que se mueven algunos de los poderes políticos entre bambalinas, unos descarnados y a cara descubierta, como Trump, y otros, tentados por el populismo pero aún disfrazados de demócratas.

Dentro de esta campaña de descrédito los perjudicados por la libertad de expresión, en Estados unidos como aquí, en Canarias, insisten en la «crisis de la prensa». Es otra de las grandes falacias. No se puede negar la crisis de los soportes, pero nunca antes, y gracias a Internet, los periodistas y los medios en los que trabajamos habíamos tenido tantos lectores. El esfuerzo por nuevas formas de comunicación a través de la red ha sido un éxito sin precedentes. La información a través de Internet se ha convertido en el segundo medio más importante del planeta después de la televisión y no tardará mucho en ser rentable para la totalidad de las empresas que sostienen inversiones importantes en este soporte.

«No se puede negar la crisis de los soportes, pero nunca antes, y gracias a Internet, los periodistas y los medios en los que trabajamos habíamos tenido tantos lectores»No nos equivoquemos. Muchas empresas periodísticas han sabido enfocar su futuro porque su vocación sigue siendo la misma: informar. Las noticias están ahí, los periodistas y las empresas también. La empresa que desenfoca y lo hace mal, sucumbe y la que se centra en su negocio, la noticia, triunfa, lo de menos es el soporte.

La única batalla que podemos perder es la del rigor y la verdad, el corazón mismo del nuevo modelo de negocio periodístico que debe destacar en medio del exceso de información por su credibilidad. Trump y el populismo buscan el descrédito y lo hacen con la mentira instalada como verdad. Como ayer exponía The New York Time: «Estos ataques a la prensa son particularmente amenazadores para los periodistas de naciones con un Estado de derecho menos estricto y para publicaciones de menor tamaño en Estados Unidos, que ya han sido golpeadas por la crisis económica de la industria. Y, sin embargo, los periodistas de esos diarios continúan con el arduo trabajo de hacer preguntas y contar las historias que de otra manera no conocerías. (...) Si todavía no lo has hecho, por favor, suscríbete a los periódicos locales de tu ciudad. Reconoce su labor cuando creas que han hecho un buen trabajo y critícalos cuando pienses que pueden hacerlo mejor. Todos estamos juntos en esto».