Primera plana

La moción de censura en el Cabildo

23/02/2020

Se antoja inevitable la moción de censura en el Cabildo de Fuerteventura. Se produciría entre junio y julio, a corto plazo, sin mayores dilaciones de cara a comenzar el siguiente curso en septiembre ya con el organigrama y el nuevo equipo definido. La candidata de Asamblea Majorera, Lola García, sustituiría al socialista Blas Acosta. Un cambio en la gobernanza de la institución insular que se daría como insoslayable en el tablero político con independencia del desenlace del congreso de CC en mayo. Pero es el primer paso en la reconstrucción del nacionalismo canario que al tiempo sirve como estímulo para que Asamblea Majorera, en el peor de los casos, tenga el aliciente debido para romper con CC si es que en la cita congresual sale hipotecada a Fernando Clavijo.

Los números dan perfectamente: Asamblea Majorera (7), Nueva Canarias (3) y PP (4) suman 14 actas y, por lo tanto, superan la barrera de la mayoría absoluta establecida en 12 consejeros. El PP participaría sin problema porque le daría cancha y dejaría la ingrata labor de oposición. Nueva Canarias saldría reforzada con más áreas de gestión a la vez que se activa la confluencia, reunificación o lo que se tercie en la variante nacionalista volcada en Fuerteventura.

Esa realidad le permite a Mario Cabrera llevar a cabo la operación nacionalista. Por supuesto, si hubiera voces internas que no controlase, con los resortes del poder insular (que actualmente olfatearían) se acallarían enseguida. Asamblea Majorera retomaría, en suma, la dirección política principal que justifica su existencia desde que nació en 1977 al calor de los cambios políticos de un país que aún tenía relegada a una isla en sus servicios públicos mínimos. El Cabildo para Asamblea Majorera lo es todo.

Nueva Canarias se sumaría porque es la única manera de atraer a Asamblea Majorera, además de que cree en toda proyección del nacionalismo de corte progresista. Una conjunción que se daría, subrayo, más allá de lo que acontezca en el congreso de CC; bien porque triunfe el sector más proclive a la regeneración y desconexión con ATI, o bien porque sea la plataforma de salida inmediata que le permite a Cabrera cortar de raíz con Clavijo.

Por su parte, al PSOE no le queda otra que asumirlo como un mal menor. Es el desmontaje de CC. Va de suyo que Ángel Víctor Torres tendrá que lidiar con el descontento que se dará en el partido en Fuerteventura pero tendrá que acotarlo como sea, quizá con un recambio en las consejerías del Ejecutivo autonómico que atempere el malestar dentro de las filas del PSOE. Esto es, la queja socialista de Fuerteventura se disiparía socializando entre las diversas islas y calibrando su presencia respectiva en el Gobierno. Probablemente, Torres tendría, por ende, que acometer una remodelación dentro de su porción de poder que equilibrase al PSOE de Fuerteventura en este otro escenario.

Cabrera gana, de una tacada, lo que nadie en CC podría darle antes de 2023 ni tampoco después. Esta maniobra desespera a Clavijo pues se le escapa de las manos y certifica, ya del todo, el desmoronamiento de CC que no volverá a ser aquello que fue porque está obligada a renovarse y reclamar las responsabilidades oportunas a Clavijo y su equipo más cercano por haber permitido llegar a este naufragio en el que CC perdió hace mucho la centralidad del sistema de partidos en el archipiélago.

En fin, Cabrera sabe que Nueva Canarias debe aunar esfuerzos en esta maniobra. Pronto los cuadros y la militancia de Asamblea Majorera cavilarán en qué consejerías tomar las riendas a partir del verano. Es una batalla decisiva, quizá la primera de otras por venir, que justificarían el relato político que aclare qué le espera a las islas en la legislatura ya en marcha. Con esto, que se cristalizaría enseguida, no tiene manera Clavijo de contener las repercusiones de sus propios actos. Sin duda, el Cabildo de Fuerteventura está destinado a ser la piedra de toque. Se aguardan movimientos determinantes. La expectación es máxima.