Primera plana

La izquierda en otoño

14/08/2019

El intento de Pedro Sánchez de convocar a los sindicatos como manera de presionar a Podemos no le ha servido de nada. Para empezar porque de la famosa reforma laboral que prometió Sánchez no se sabe nada, una cosa es el discurso en la calle durante el frío de la oposición y otra cuando llegas a La Moncloa. Además, Sánchez siempre fue más socioliberal que socialdemócrata. Por otro lado, los sindicatos de clase ya no disponen de la fuerza de antaño para movilizar, incentivar o regañar a la izquierda socialista y comunista. No estamos en la Francia possesentayochista. Demasiado tienen con sus problemas internos y de activar la cultura sindical en tiempos de la desindustrialización y la globalización, para encima entrar en juegos de poder de aquí al 10N. Aunque, bien mirado, tanto CC OO y UGT podrían haber optado por no acudir a la reunión como manera de expresar que los que tienen que encontrarse y negociar son los dirigentes de PSOE y Podemos. Quizá, en época de José María Fidalgo y Cándido Méndez esto no hubiera pasado en cuanto que ambos tenían suficiente olfato para saber cuándo eran instrumentalizados por los partidos.

Puede que la izquierda pierda en breve una ocasión histórica para la coalición. Que el mensaje del frente popular alentado por la derecha que aún rememora los temores de la Segunda República triunfe sobre la posibilidad de realmente cambiar las cosas tras el ciclo de recortes de la austeridad ordenada por Bruselas. Me imagino entonces, en apenas unos meses, qué pasaría si en La Moncloa hay una alianza de las tres derechas a efectos del resto del país. Enseguida la receta para Cataluña será más aplicación a bocajarro del artículo 155 de la Constitución; de hecho, PP, Ciudadanos y Vox barajan montar candidaturas al Senado yendo de la mano para así asegurarse la mayoría absoluta. Y lo tienen a tiro.

En función de cómo evolucione el frente político catalán, a tenor de lo que sucede en Madrid, se contendrá o se acelerará el colapso del sistema del 78. Abierto, abierto está, ya no hay duda. Y prueba de ello es que Sánchez ni una alternativa del PP cosecharían actualmente apoyos suficientes para la investidura. El pronóstico tiende a peor a medio plazo si PSOE y Podemos no alcanzan un Ejecutivo donde ambas fuerzas estén presentes con una representación proporcional a los escaños logrados. La guerra de Sánchez contra Podemos puede salirle cara tanto a nivel del poder central como en el conjunto del Estado a son de las comunidades autónomas y ayuntamientos donde hoy por hoy concurren pactos plurales de progreso.

Todo apunta a elecciones generales el 10N. Por cada jornada que pase, más se consolida la idea de que el PSOE busca, en realidad, repetir los comicios con el afán de finiquitar a Podemos. Ese, y no otro, es el mensaje encubierto de Sánchez. La izquierda prepara sus propios tambores de guerra.