Tribuna Libre

La epidemia por coronavirus y el trabajo imprescindible

05/04/2020
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Los seres humanos buscando con ahínco el interés social se procuran de la manera más óptima su interés particular», Francisco Umpierrez, filósofo

El diario CANARIAS7 publicó un trabajo titulado: El fútbol se implica para poner fin a la crisis sanitaria que ataca al mundo. En el citado artículo se citan unas declaraciones de Andrés Iniesta. Las ideas destacadas son: 1) «Haced caso a los protocolos que nos están dando los profesionales que estamos viendo y leyendo. Hay que ser los más solidarios del mundo en estos momentos». 2) «Hay que ser coherentes y consecuentes con lo que hacemos».

Se aceptan los ingresos multimillonarios de los futbolistas por la idea simplista de que lo producen con su trabajo. Que ganen cantidades inmensas por publicidad y derechos de imagen. Pensemos en los ingresos de investigadores científicos, médicos especialistas, ingenieros, arquitectos, docentes de todas las etapas formativas..., autnomos, propietarios y gerentes de pequeñas y medianas empresas, trabajadores manuales, personas de máxima responsabilidad en la gestión político-administrativa del estado, jueces, magistrados, gerentes de empresas públicas, hospitales, diputados, ministros, presidentes del gobierno. Disparatadamente se ha debatido públicamente el derecho y/o la eticidad de uno de los actuales vicepresidentes del gobierno de España y una ministra de dicho gobierno a comprarse una vivienda por valor de 500.000 euros. ¿Qué producen los futbolistas? Solo partidos de fútbol. ¿Qué hace posible que partidos de fútbol pongan en movimiento tanto dinero? El consumo televisivo masivo de estos gracias al gran desarrollo social de la ciencia y su aplicación tecnológica; el uso de estos eventos como medios de publicidad por multinacionales y agencias de publicidad.

Pensemos que un futbolista gane dos millones anuales. En un año se puede comprar una buena casa, un buen coche, y vivir a cuerpo de rey y ahorrar un millón. Al siguiente año; el siguiente año ahorra 1.750.000 euros. Con sus ahorros compra 11 viviendas de 250.000 euros y los alquila a 700 euros. En dos años se ha convertido en propietario de suelo y puede vivir de la renta del suelo sin trabajar más en su vida. Y esto ocurre con todo millonario.

Si los ricos fuesen unos cientos de miles de euros solidarios cada uno, tendríamos muchos recursos económicos para la compra de medios sanitarios (compra de kits diagnósticos, respiradores, medios de protección de trabajadores en primera línea de choque...) y contratacin de trabajadores sociosanitarios. Pero la solidaridad no va a resolver la miseria del mundo, ni las relaciones económicas de los hombres y mujeres que puedan hacer posible acabar con la pobreza. Estamos en la época histórica de la transición del capitalismo al socialismo. La última crisis económica-financiera y la pandemia actual han puesto de manifiesto la necesidad del estado, y de un mayor peso de los estados y la economía pública en la economía global. Se reconoce legalmente la necesidad de un salario mínimo. Sin embargo, no se cuestiona socialmente el derecho a la apropiación privada de riqueza social sin límites. Así pocos miles de millonarios pueden tener cierto control y poder sobre los estados por medio de la deuda pública. No se cuestiona el enriquecimiento ilimitado individual siempre que este sea legal. Pero las leyes se pueden cambiar. Y es de justicia social que del mismo modo que se reconoce el derecho a un salario mínimo se legislen unos ingresos máximos. Que se cuestione el derecho de apropiación del trabajo ajeno, apropiación del trabajo de los otros sin límites.

Se ha profundizado la globalización de la economía y la vida social. Los pueblos y naciones del mundo se han hecho más interdependientes. La producción de medios de vida y de trabajo se ha socializado de forma impensable. La división social del trabajo ha llegado al punto que un producto acabado, para el consumo o la producción, en su proceso de elaboración pasa por países y continentes distintos. El turismo de masas moviliza millones de ciudadanos entre países de distintos continentes. España recibe más de 80 millones de turistas anuales. Y en estas condiciones de vida actuales una infección con alta transmisibilidad se puede convertir en pandemia, como así ocurrió con la infección por el VIH, y ahora ha ocurrido con el Covid-19.

La pandemia por Covid-19 está colapsando los sistemas sanitarios. Las medidas para luchar contra la pandemia están produciendo una crisis económica y social no pensada ni en los peores sueños en las sociedades desarrolladas. La economía pública y los servicios públicos están teniendo que luchar en primera línea contra el Covid-19. Así ocurre con el sector sociosanitario. Los ciudadanos dicen que son héroes muy valorados. Pero el ministerio de Sanidad ha decretado renovar el contrato MIR a los residentes que luchan en primera línea de choque contra la infección por el coronavirus. Estos médicos especialistas están haciendo jornadas de trabajo agotadoras que superan con mucho una jornada laboral habitual en nuestro entorno económico; y en unas condiciones de estrés físico y psicológico que solo lo aguantan por un entrenamiento de años en unas condiciones de sobreexplotación, con un salario menor que el de cualquier trabajador manual del sistema sanitario, cuando consideramos el pago por hora trabajada. Reconocer la profesionalidad y valorar a estos médicos especialistas es contratarlos como lo que son, médicos especialistas.

Ahora una población asustada y angustiada aplaude desde las ventanas el trabajo de los trabajadores de los servicios públicos. Pero dentro de unos meses puede que aplaudan las obras de arte, ¡estúpida expresión!, de los que esta crisis ha mostrado millonarios socialmente prescindibles. Y los verdaderos imprescindibles para la vida humana son los trabajadores en las distintas funciones social del trabajo: agricultores, ganaderos, trabajadores manuales de todas las ramas productivas, trabajadores cualificados, científicos y técnicos, empresarios y emprendedores; todos los estamentos de la administración del estado, aparato judicial, legislativo y ejecutivo. Todos imprescindibles en la lucha contra el coronavirus en diferentes frentes e imprescindibles en el día a día en épocas de estabilidad y crecimiento socioeconómico.

La necesidad de acabar con la pandemia por Covid-19 está haciendo que muchos seres humanos luchen con ahínco por el interés social, como única posibilidad de alcanzar nuestro interés particular. Y la pandemia por coronavirus pasará. Dejará mucho dolor. Pero si las relaciones económicas entre los hombres y mujeres no cambian, si dejamos que las grandes conquistas sociales sean medios por los que unos pocos se puedan apropiar de una ilimitada cantidad de trabajo social para su interés privado, entonces gran parte de la humanidad seguirá viviendo en unas condiciones de inhumanidad, la miseria. Deberíamos aprender mucho de la pandemia por coronavirus.