Primera plana

La campaña electoral permanente

22/10/2019

La política no es solo la gestión del conflicto, que también, sino de las contradicciones. Porque no todo es blanco o negro sino que el ramillete de grises, en ocasiones, en las más delicadas, es inmenso. Ocurre en estas jornadas en la que no sabemos qué deparará electoralmente el 10N. Ayer el país amanecía con cuatro encuestas publicadas por ABC, El Mundo, La Razón y ‘ldiario.es que venían a decir en su conjunto a modo de tendencia lo que se intuía y se barajaba por último: el PSOE baja, el PP sigue creciendo y, atención, mucha atención, Vox podría ser la tercera fuerza en el Parlamento. Casi nada la presencia de la ultraderecha.

Pablo Casado ha dicho que no puede haber una gran coalición porque, de ser así, la alternativa política pasaría a manos de Vox y Podemos. Tiene razón. Y en Alemania ya saben lo que es eso. Por lo tanto, todo apunta que el PP se sacrificaría con una abstención técnica a favor de Pedro Sánchez y luego esperará a que un Gobierno en minoría se queme políticamente antes de tiempo. Encima, puede ampararse en que le devuelve el favor que, en su momento, el PSOE (el viejo PSOE según Sánchez) le hizo a Mariano Rajoy.

Es inquietante cómo la brocha gorda está ganando enteros en el debate sobre Cataluña. Justo cuando hace falta más mesura, prima los eslóganes. Es lógico, estamos en campaña electoral. Pero de esta forma el problema se recrudece. Lo peor es que, en el fondo, todos saben que después del 10N nadie tiene una propuesta para afrontar el tema catalán y la política territorial del Estado. Si PP, Ciudadanos y Vox se ciñen a la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la disolución del autogobierno catalán, eso no es ningún programa concreto y además creará más independentistas.

La CUP podría llegar a la Cámara Baja. Otro dato fundamental será ver cómo quedará el PSC, aquel socialismo catalán otrora poderoso, el 10N. Una cuestión esencial para el PSOE de cara a medio plazo por si tiene que arrostrar una crisis interna al alimón de la frustración de las expectativas generadas por Sánchez. Hubo una época en la que el PSC presionaba en Ferraz con eficacia. En los años de José Luis Rodríguez Zapatero pintaba mucho. Tanto que le marcó el afán federalista a Zapatero que luego, con la llegada de la crisis económica, pronto olvidó el expresidente del Gobierno. En muy pocos cursos los partidos son casi otros. Las instituciones sufren la crisis de la representación que produce sinsabores en la opinión pública con respecto a la democracia. En Cataluña vivimos dos realidades paralelas, con legitimidades políticas diferenciadas, que se supone que están condenadas a dialogar. De momento, Sánchez no le coge el teléfono a Quim Torra. Y este, a su vez, está pendiente de las maniobras y peticiones de Carles Puigdemont. Es un sudoku muy complicado. Y quizá no tenga solución.