Frecuencia Modulada

La buena educación

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Entre lo que nos gustaría hacer y lo que podemos hacer suele existir un gran trecho. Las normas sociales obligan a comportarse dentro de unos límites, a amarrar en corto el instinto animal que nos llama a echarnos al monte sin tanto tapujo. Si te dan los buenos días, contestas con el mismo saludo; si te preguntan por tu salud, te interesas por la familia del interlocutor; y si el PP te invita a negociar un pacto, te sientas a regañadientes por mucho que a CC eso de hacer sitio en el Gobierno regional le apetezca un pimiento.

La buena educación es lo que tiene, no conjuga demasiado con la sinceridad y menos aún cuando se tienen solo 18 diputados en el Parlamento de Canarias. Esa realidad coloca a los nacionalistas en la obligación de atender la llamada de Asier Antona y hacerlo con la mejor de sus sonrisas. «Pase, pase, por supuesto que estamos encantados de recibirlos para hablar de la estabilidad del Archipiélago. Un placer, como siempre», contesta José Miguel Barragán al toc-toc del lobo en la puerta.

«¿Café, te, unas pastas?», añade el secretario nacional de CC mientras observa de reojo el organigrama del Ejecutivo regional que el líder del PP canario esconde bajo el brazo. «No, gracias», responde como acto reflejo Asier Antona para soltar a bocajarro «¿no tendría mejor tres buenas consejerías?»

«Un placer, como siempre», contesta Barragán al toc-toc del lobo en la puerta»

Esa franqueza sorprende a los nacionalistas que, por supuesto, prefieren empezar a hablar de las cosas realmente importantes para las Islas. Pero con educación: se propone, nunca se impone. «¿No sería mejor hablar primero de un programa de gobierno para lo que queda de legislatura?», dice Ruano. «Estupendo», salta María Australia Navarro, «queremos bajar el IGIC ya mismo, reducir empresas públicas, un plan contra las listas de espera en Sanidad, cambios profundos en Educación...». «Despacio, despacio por favor, que no me da tiempo de apuntarlo todo», reclama Rosa Dávila ante las novedosas propuestas de sus futuros socios.

«¿Y si nos tomamos un respiro?», sugiere José Miguel Barragán justo en el momento que su teléfono vibra por una llamada entrante. Acto seguido abandona la sala para saber, por boca de Fernando Clavijo, que llegan buenas noticias de Génova. «¿Algún problemas?», interroga Asier Antona cuando lo ve volver con chaqueta y corbata. «Nada, nada, ¿por dónde íbamos? ¿café, te, unas pastas?»