Por si le interesa

Igualdad, una carrera de fondo

11/12/2019

Gaumet Florido

No me gustan los extremismos. No son buenos para casi nada. Conducen al enfrentamiento y en cualquier movimiento social o político quiebran el consenso necesario para que el proyecto que se defienda cuaje. Por esa inercia de mi propia visión del mundo esta semana venía con el buche lleno dispuesto a afear, siempre desde una posición constructiva, algunos maximalismos, eso sí, minoritarios, aunque ruidosos, en la lucha que ya debe ser de todos por avanzar de una vez hacia la igualdad real entre hombres y mujeres.

Es evidente que esa semilla social machista y violenta está demasiado incrustada y que la carrera por extirparla será larga

Tenía esa intención porque no entiendo que se ataque en las redes sociales a una conocida periodista española, de izquierdas y feminista, por reconocer que le emociona escuchar Libertad sin ira, de Jarcha, pese a que, según los tuits con los que la censuraron, haya machismo en sus letras (por la expresión Gente que solo desea su pan, su hembra y la fiesta en paz) o que alguien usara la cuenta de Twitter del Partido Feminista de España para meter en el saco de sus enemigos (el tono del tuit es belicoso) a los trans y mezclarlos con proxenetas, puteros y compradores de niños y niñas. Ahí es nada.

Y yo me pregunto, con la que está cayendo, qué necesidad hay de poner el foco en unas letras o en una canción, por qué mirar tanto al pasado y no concentrar los esfuerzos en lo que queda por hacer. O por qué enredarse en disputas que no suman, en apostar por un feminismo excluyente que se arroga la capacidad de decirle a nadie qué tiene que tener para ser o sentirse mujer. Estas anécdotas distorsionadoras desenfocan un frente de lucha que es mucho más dramático, en una sociedad en la que asesinan a mujeres todas las semanas; en la que un desalmado en Fuerteventura amenaza a una jueza de línea con violarla porque no comparte sus decisiones arbitrales; o en la que, como pasó días atrás en India, un grupo de bestias prenden fuego a una mujer y la matan cuando se dirigía al tribunal a declarar contra los salvajes que la habían violado.

Es evidente que esa semilla social machista y violenta está demasiado incrustada y que la carrera por extirparla será larga y de fondo. Por eso, ante semejante panorama, para qué fabricar nuevos e innecesarios frentes. Solo contribuyen a distraernos del que debe ser el verdadero objetivo, que hombres y mujeres sean de verdad iguales. Y que, por supuesto, esa igualdad sea inclusiva.