Las venas abiertas

Identidad y orgullo

24/01/2020

Soy de aquellos que llevan al extremo de lo del odio al fútbol moderno. Y es que en la era del fútbol global solo me retiene en este deporte el más primitivo de sus principios: la identidad. Aquello que significa un escudo y su vínculo con la sociedad que representa, aunque en el caso de la Unión Deportiva desde que el sentimiento está constreñido en el paquete accionarial de Miguel Ángel Ramírez para seguir en la fe haga falta un esfuerzo muy grande.

Orgullo e identidad. Eso es lo que sigo persiguiendo en un derbi. Pertenezco a aquella generación que cuenta como gestas de leyenda las eliminaciones coperas al Tenerife en los 90. Días en los que la referencia del fútbol canario era inevitablemente blanquiazul, años en los que decoraron su más bien modesta historia birlando dos ligas al Real Madrid y consumando noches europeas mágicas. Tiempo aquel en el que un grupo de futbolistas, en su mayor parte de la cantera, tumbaron en dos ocasiones a aquel totémico trasatlántico que construyó Javier Pérez.

«Las Palmas significa para esta sociedad mucho más de lo que sus propietarios actuales nos quieren hacer creer»

Nos volvimos locos con las paradas con la cuca de uno de Arucas. Y sentimos que la verdadera razón de ser de la Unión Deportiva fundacional, aquella que trataba sobre formar un club común potente que permitiera retener a los mejores jugadores de la tierra, era respetada. Nos decíamos que ellos jugaban en Europa con peninsulares y extranjeros pero que seguíamos demostrando que nuestra cantera era mejor.

Y me gusta creer que en cierto modo todo sigue siendo así. Pese a las deserciones en las gradas, más que justificadas, sigo entendiendo que Las Palmas significa para esta sociedad mucho más de lo que sus propietarios actuales nos quieren hacer creer. Ya he hablado en otras ocasiones sobre esa teoría que indica que la división provincial del 1927, la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la fundación de la Unión Deportiva en 1949 son las tres movilizaciones populares más importantes del siglo XX. Y en todas, de una forma u otra, Tenerife siempre ha estado al otro lado de la trinchera.

Por eso creo que un derbi sigue siendo un derbi.