Las venas abiertas

Fobias e incoherencias

10/07/2018

Si Benito Pérez Galdós siguiera con vida y escribiendo su particular crónica de la historia de España, el codazo de Tassotti a Luis Enrique en el Mundial de Estados Unidos seguro que formaba parte de los Episodios Nacionales.

La balcanización de España es imparable y su principal fuerza motriz es la centrípeta. El nombramiento de Luis Enrique como seleccionador nacional, tras la tragedia griega escrita en Rusia este verano, ha sido castigado por aquellos que hoy miran a España desde la bandera nacional y la camiseta blanca.

Pero el colmo del ridículo es leer que una de las pegas para el nuevo técnico es su hispanofobia. Hay que ser troll. A Luis Enrique, héroe del barcelonismo como jugador y entrenador, se le ataca como desafecto a España por sus éxitos como culé. Da igual que defendiera 62 veces la camiseta de la selección para la que marcó 12 goles. Que fuera de aquellos futbolistas que besaron la gloria tras conseguir la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Que la sangre de su nariz se enjuagara con las lágrimas de sus ojos, más producto de la impotencia de aquella injusta derrota contra Italia que del dolor de la agresión de Tassotti.

«Acusar a Luis Enrique de hispanofobia es tan incoherente como ver a Rivera en el Orgullo»

Porque a los atributos nacionales hay que añadirle, parece que ya para siempre, la ausencia del sentido común. A Luis Enrique, un asturiano apellidado Martínez García, se le acusa de hispanofóbico. Algo tan incoherente como ver a Albert Rivera desfilando por Madrid en la cabalgata del Orgullo. «Llamar matrimonio a una unión homosexual genera tensiones innecesarias y perfectamente evitables en la sociedad», dijo en su día el líder de Ciudadanos, al que no le importa usar ahora la bandera arcoíris en un acto de publicidad política. Españoles.