Un martes cualquiera

¿Y si no ascendemos?

06/11/2018

Muchos pensarán que soy un impaciente. Quizá demasiado tremendista. Puede ser, pero tras el trauma de la temporada pasada es complicado librarse de este sentimiento fatalista. Y ahora que la UD va sexta y su juego es menos convincente que nunca, me pregunto ¿qué pasará si no ascendemos? Bueno, dirán algunos, pues se volverá a intentar el año que viene... Error.

Fichajes de bambalinas, un técnico con curriculum que rechazó jugar la Champions para entrenar a Segunda, el regreso de Araujo... La reacción de la UD al descenso fue intachable. Aprendió, a base de palos, de los errores e hizo conjura de enmienda. Y como guinda, la renovación gratuita del abono para todos aquellos que sufrieron la infamia en primera persona. Con la recuperación de la ilusión como bandera, se enfilaba el camino correcto.

«Para la UD subir es una cuestión de estado. O aprovecha la compensación por el descenso o le toca otra travesía en el desierto»

Pero, ¿cómo se pudo permitir el club tal desembolso en una categoría que nada tiene que ver con el hall de la fama futbolístico que es Primera? Pues por la compensación económica que desde la Liga se otorga a los recién descendidos. 20 millones del ala que dan una ventaja enorme con respecto a los otros 19 equipos. Si no fuera por eso, el rimbombante equipazo con el que se cuenta este año sería impensable.

Se conjuntó, posiblemente, la mejor plantilla de la división. Jugadores de Primera para un proyecto de Segunda. Pero si esta campaña no se asciende, mantener a este compendio de estrellas es imposible. Primero, el club se vería obligado a deshacerse de varios de sus jugadores más destacados y, segundo, ya no habría factor diferencial. La UD volvería a ser un equipo más y subir sería tan difícil como siempre. Por eso lo de que si este año no toca ya se intentará al siguiente, no vale.

El club, consciente de ello, hizo lo que debía. Jugárselo todo a una carta. Pero el riesgo es tremebundo. Un ahora o nunca en toda regla. Recordemos las largas travesías del representativo por el pozo de Segunda -e incluso Segunda B- tras los anteriores descensos. Entonces no existía esta compensación, y volver a la élite suponía una odisea. Es una cuestión de estado sacar partido de esta tremenda ventaja económica y, por el momento, no pinta demasiado bien la cosa. Queda mucho, pero ni la imagen es buena ni los resultados, suficientes. Y lo que está en juego es mucho más de lo que parece.