Vuelve el virus del miedo

Ha habido alguna información innecesaria sobre los casos de viruela

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

No hay manera de dormir en paz. O quizás sí lo hay y por eso están las terrazas de los negocios de hostelería a reventar un día sí y otro también: porque la gente sale a beber para olvidar el cúmulo de sustos en que se ha convertido la actualidad.

Cuando parecía que la normalidad había vuelto, que la covid empezaba a ser algo así como un mal sueño, llegan las noticias de infecciones por la llamada viruela del mono y se desata el pánico. Para empezar, habrá que poner las cosas en su sitio: el mono en realidad pasaba por allí, pues los expertos señalan sobre todo a ciertos roedores como los principales transmisores de la enfermedad, pero se ve que queda más llamativo estigmatizar a los monos.

Después, y líbreme el dios de la ciencia de llevar la contraria a los expertos, creo que ha habido alguna información bastante innecesaria en el minuto uno. ¿Era preciso señalar ante los primeros casos sospechosos en Madrid que buena parte de ellos correspondían a homosexuales? Salvo que haya una evidencia científica que suponga un riesgo añadido entre la identidad y la práctica sexual y la transmisión del virus, lo único que se consigue con ello es culpabilizar a los homosexuales. Pensaba que tras dos años de pandemia habíamos aprendido algo sobre lo fácil que prende la mecha de la desinformación, pero se ve que quien habita en la ignorancia soy yo.

Después, tampoco alcanzo a entender que el mismo Gobierno central que está insistiendo en que no hay motivo para el pánico sea el que, en un intento de ponerse la medalla antes que otros, filtre a la prensa que se están comprando miles de vacunas contra la viruela destinadas a los contactos de las personas que hayan dado positivo en esta enfermedad.

Ayer ya la Sanidad canaria informó de un caso sospechoso y ayer también Italia confirmó un positivo de una persona que había llegado procedente del archipiélago. No cabe esperar otra cosa en este Primer Mundo que con mucha celeridad levantó las restricciones de la pandemia y trasladó a propios y extraños que ya lo peor había pasado. Vivir con estos riesgos es lo que toca, pero por eso mismo hay que extremar la cautela cuando aparecen patologías que considerábamos extinguidas. Ahora ya un mono es una especie en riesgo por la gracia de un nombre inadecuado; una orientación sexual carga con un estigma injustificado, gratuito y muy peligroso socialmente y todos nos colocaremos en breve al borde de otra paranoia. Es el virus del miedo nuevamente.