Papiroflexia

Volverán los abrazos perdidos

26/06/2020

El coronavirus no solo ha traído repercusiones en los sistemas sanitarios o en la economía a nivel planetario, también nos ha obligado en muchos casos a mantenernos lejos de nuestros seres queridos; o, incluso, teniéndolos cerca, nos ha imposibilitado de poder abrazarlos y besarlos. Y, como consecuencia de ello, esto nos ha llevado a muchos a cuestionarnos si en algún momento todo volverá a ser como antes, o si esas muestras de afecto regresarán como recordamos. Estos días vemos como las terrazas han vuelto a llenarse, las playas están de nuevo repletas de bañistas, las calles han recuperado su pulso normal y todos, con más o menos exigencia, volvimos a nuestras prisas y viejas costumbres de hace solo cuatro meses. Hemos perdido también el miedo insano a la pandemia, que lacera tanto como la enfermedad. Y, aunque vivimos con la incertidumbre y la sospecha del otro, cada vez el distanciamiento físico es menor que el distanciamiento social.

Llegó el verano, el fin del confinamiento y el estado de alarma, y nos hemos relajado. Hemos reconquistado el asfalto, los atascos, los madrugones, el ruido y el humo como un ejercicio más de supervivencia. Por la necesidad imperiosa de revivir la normalidad, aunque sea nueva y diferente, desconocida; por la necesidad de no morir de hambre y miseria si conseguimos superar la enfermedad sin vacuna. Sin embargo, la impaciencia tiene un alto precio y, al igual que la ira, no está capacitada para dar buenos consejos, por lo que es preferible no escucharlos y evitar la tentación, que llegar a volver a un impaciente y desesperante encierro.

Generalmente, el que se acostumbra a ser impaciente en la vida puede llegar a convertirse en un peligroso imprudente. Todo el mundo se impacienta en algún momento, pero si perdemos los nervios, nos relajamos o nos convertimos en imprudentes estos días, las consecuencias pueden ser nefastas porque están relacionadas con la frustración y la irritación de volver a dar un paso atrás. Volvemos a vivir divertidos y desinhibidos como en otros veranos, como si todo hubiese sido un mal sueño lejano. Pero los casos de coronavirus seguirán apareciendo en los próximos meses, quizás años si no llega el remedio. Ahora que la conocemos podemos enfrentarnos a la enfermedad con las mismas armas y solo morirán los que quizás el virus se lleve por su fragilidad más que por un error en el sistema de salud. Sin embargo, hay muchas formas de prevenir esa involución en la guerra contra la covid-19. Hay etapas, hay lugares, hay modos, hay formas de vivir cumpliendo con las recomendaciones y protocolo. Lo que no debe haber es impaciencia.