Víspera de Ángeles Custodios

Como decía el sargento Esterhaus, «¡tengan cuidado ahí fuera!»

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

La Policía Nacional celebra hoy en el sur de Gran Canaria el acto institucional de su día grande, que es mañana y que alguien decidió que tuviese el patronazgo de los Ángeles Custodios. Supongo que llegará un día en que esto de vincular celebraciones institucionales al santoral desaparecerá por aquello de ser un Estado aconfesional pero, mientras tanto, es lo que hay. Anécdotas al margen, lo cierto es que las llamadas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado aparecen siempre como una de las instituciones mejor valoradas en los estudios demoscópicos -en todos, no solo en los del polémico CIS de Tezanos- y sin embargo tenemos tendencia a olvidar que están ahí, el trabajo que hacen y que, cuando vienen momentos complicados, les toca estar en primera linea. «Es su trabajo», pensará y dirá más de uno, y es cierto, pero eso no quita para valorar, por ejemplo, que en momentos de pandemia por un coronavirus desconocido, no hubo para ellos confinamiento que valiera ni distancia social: les tocó salir a garantizar el orden, como todos los días, pero unos días (sobre todo en los primeros meses) en que no sabíamos a qué nos exponíamos y qué hacer para minimizar los contagios.

A la Policía Nacional le tocó igualmente la faena de poner orden en el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, en aquellos tristes meses en que la falta de coordinación ministerial convirtió aquel espacio en un campamento improvisado. Pero no un campamento de acogida, sino un gueto donde se amontonaron y hacinaron inmigrantes hasta que la vergüenza ajena removió conciencias y, sobre todo, el Ministerio de Defensa dio su brazo a torcer, cediendo instalaciones, mientras que la presión institucional, política y social consiguió que los despachos estatales con competencias en la materia dejasen los celos y se pusieran a trabajar bajo un criterio único.

Los hombres y mujeres de la Policía Nacional que estuvieron en Arguineguín son notarios de lo que allí se vivió y del trabajo que tuvieron que hacer para mantener el orden donde la convivencia llegó a ser un polvorín. Su silencio es reflejo de su profesionalidad.

Volviendo a lo de los Ángeles Custodios, dicen que san Jerónimo escribió que «grande es la dignidad de las almas cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia». Pues quitemos la palabra ángel y pongamos agente de policía.

Dicho lo anterior, feliz día mañana, y hoy -por lo institucional-, a los agentes. Y, como decía el sargento, Esterhaus, «¡tengan cuidado ahí fuera!».