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¿Videojuegos en clase? Debe ser una broma

05/07/2018

Gaumet Florido

Días atrás denunció Podemos Canarias, por boca del diputado Francisco Déniz, la «indecencia» del Gobierno de Canarias por su pretensión de «introducir los e-sport dentro de la escuela» mediante la puesta en marcha de una liga escolar en centros públicos. Suena a broma, a chiste de mal gusto, si no fuera porque no es la primera vez que este ejecutivo nos quiere meter los videojuegos por los ojos. Primero pretendió colárnoslos como deporte. Ahí es nada. Sin ponerse colorado, el Gobierno que preside Fernando Clavijo quiso incluir en la Ley del Deporte una actividad que es una reconocida causa de sedentarismo, una de las epidemias del siglo XXI y fuente de tantas otras enfermedades.

Meter los videojuegos en los centros educativos es como prender fuego en un charco de gasolina

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Y ahora no se le ocurre mejor idea que meter los videojuegos en los centros educativos, que es como prender fuego en un charco de gasolina. Mientras las familias nos las vemos y nos las deseamos para alejar en lo posible a nuestros hijos de esos roba infancias, y también roba adolescencias, los gestores de colegios e institutos andan tramando la manera de acercarlos al lobo disfrazándolo de cordero. A poco que uno bucee se da cuenta incluso de cómo se han organizado charlas en centros de profesores para sacar partido a lo que llaman la gamificación, es decir, al uso del videojuego como recurso educativo.

Les importa muy poco que la Organización Mundial de la Salud (OMS) acabe de reconocer la adicción a los videojuegos como enfermedad mental. O los preocupantes datos que arroja un informe del Ministerio de Sanidad, que pone de manifiesto que el 73,8% de los niños españoles de entre 1 y 14 años pasa a diario una hora o más de su tiempo libre frente a una pantalla, ya sea ordenador, tablet, televisión, teléfonos móviles o videojuegos. Según ese estudio, esta realidad podría ser una de las causas de que el 10,3% de los niños de 2 a 17 años padezca obesidad y otro 18,2%, sobrepeso. Pero el Gobierno canario camina a contracorriente. ¿Porque piensa en los críos? A mí me huele que no. No sé qué hay detrás de esta obsesión, pero tengo la sensación de que tanto interés no debe ser sano.