Pablo Casado y Teodoro García Egea, ambos del PP, días atrás, en su llegada al Congreso de los Diputados. / EFE

Un verdadero español

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

No creo que sean muchos los que en este país pongan en duda la defensa y el amor por España de Benito Pérez Galdós. Sin ir más lejos, noveló buena parte de la historia del siglo XIX de esta nación gracias a sus Episodios Nacionales. Sin embargo, la extraordinaria biografía que del escritor grancanario acaba de publicar Yolanda Arencibia recoge un pasaje curioso, aquel en el que otro insigne, Marcelino Menéndez Pelayo, de profundas convicciones religiosas, le escribe a su hermano Enrique y le justifica la carta que de su autoría se leyó en un mitin católico en Santander, en 1910. En ella venía a oponerse a la secularización de la enseñanza que defendía Galdós. Y para llenarse de razones dijo a su hermano que ya iba siendo hora de oponer a las «cartas ridículas» de don Benito la de «un verdadero español».

Esto prueba que la costumbre que tiene una parte de los españoles de apropiarse de lo que significa ser español es bastante añeja. Y suele ser, por cierto, un recurso bastante habitual en el argumentario de la derecha, o de los partidos de derecha. Eso explica, por ejemplo, que cuando la izquierda pacta con los nacionalistas catalanes, o explora el diálogo con ETA, entonces traiciona a España. La derecha lo ha hecho y, sin embargo, la nación y sus esencias no han estado en riesgo.

Lo digo a cuenta de la lógica controversia que se ha montado por la decisión del Gobierno del PSOE y Unidas Podemos de conceder los indultos a los presos del procés. Otra vez sale el viejo recurso de la traición a la patria. Quizás todo esto se deba a que hay una parte de España que no termina de asimilar que la izquierda también es legítima y que en una democracia como esta también tiene derecho a gobernar si así lo decide la ciudadanía.