Vamos a contar contagios

Si algo mata la economía es que muera la gente

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Nos vamos a sentar en la puerta y vamos a ver cómo la espiral de contagios por el coronavirus sigue subiendo. Ya ha sucedido en otras ocasiones y por qué no ahora: con lo entretenido que es pasar las horas, los días y las semanas, mirando embobados el ascenso de la curva, cómo las camas hospitalarias vuelven a llenarse de contagiados y cómo aquellos aplausos al personal sanitario por su esfuerzo son literalmente tirados a la basura.

Es la sensación que tiene uno cuando ve la aparente pasividad institucional ante lo que está sucediendo, así como ante los avisos de los profesionales sanitarios sobre lo que puede volver a suceder. Eso sí, tenemos gobernantes a los que les preocupa más que la Cabalgata de Reyes no se la roben, como también que los estadios de fútbol puedan estar hasta la bandera. Cabalgatas y estadios en los que también entran, porque les asiste el derecho, quienes se han negado a vacunarse, de manera que hay un doble riesgo: que estén contagiados, no lo sepan y hagan de vehículo de transmisión del virus, y que, por no haberse vacunado, se contagien porque a su lado se sienta un vacunado que tiene el virus pero es asintomático precisamente porque hizo lo que debía.

Desde la Organización Mundial de la Salud se advirtió sobre los serios riesgos que corre Europa. Y se incluyó en esa advertencia un recordatorio sobre cómo ese peligro crece exponencialmente por el impacto de quienes niegan la mayor -que el virus exista y que la vacuna sea una solución-. Pero desde la Comisión Europea hasta el más pequeño de los ayuntamientos, la prioridad sigue siendo otra: que nada perturbe la recuperación económica. Yes evidente que ninguno deseamos volver a las restricciones, pero también es evidente que si algo mata la economía es que muera la gente. Así de crudo lo escribo porque así de brutal fue la realidad. ¿O es que se nos ha olvidado lo que padecimos? Es evidente que sí.

La semana pasada en China confinaron un parque temático con miles de personas dentro porque se había detectado un solo contagio. Ese país no quiere volver a pasar por lo vivido y está actuando con diligencia y también con severidad. Es innegable que ellos lo tienen más fácil: el ordenado y mando funciona y quien se niega a cumplir la orden de confinarse, o la de vacunarse, paga un alto precio. Ninguno queremos esos modos dictatoriales pero creo que entre eso y la dictadura de facto de quienes deciden jugar con fuego y ponernos a todos en peligro hay un término medio: el del sentido común.