Papiroflexia

Un selfie entre las cenizas

29/08/2019

Con las últimas llamas languideciendo y los políticos «por fin» de vacaciones, es momento de los balances, las investigaciones y el recuento de daños. También de echarse al monte para lamentar la desidia común, intentar encontrar un culpable para sosegar conciencias y captar la foto más lacrimógena para Instagram. Un selfie entre cenizas, con un pino aún humeante al fondo si es posible.

Con cada drama nos hemos acostumbrado a un ritual con su propio código de imágenes y símbolos que acaba por desvirtuarse hasta extremos incomprensibles. Una foto común de la tragedia que alimente la vacía solidaridad de whatsapp o Internet, espectaculares vídeos de profesionales e incautos desde el corazón del incendio, personas que hacen su trabajo son elevadas a deidades, vídeos en directo con la cara negra, concentraciones de agradecimiento y botellón, vaticinios apocalípticos que se olvidarán en dos días y los bulos, conspiraciones y toda clase descabelladas teorías.

A este desenfreno que solo brota cuando el desastre ya no tiene solución se suman altas dosis de oportunismo político como un elemento más de consumo de masas del rentable mercado de la solidaridad y el llanto fácil. Y no me refiero a los que estuvieron en primera línea del fuego, apedreados por dar la cara, como el recién llegado Ángel Víctor Torres, o por su gestión, como Antonio Morales. Bien hicieron ambos en dejar las explicaciones a los que más sabían.

Me refiero a los que, a pesar de los protocolos de seguridad, elevaron el tono indignados como únicos salvaguardas de sus vecinos, es el caso del alcalde de Artenara, Jesús Díaz; o a los que, sin pintar nada, viajaron días después cuando ya no había peligro para hacerse la foto con el ceño fruncido y un fondo lúgubre, como Pablo Casado y el mismo alcalde. Pedro Sánchez, igual de rezagado e interesado, aún le queda el cargo de presidente para justificarse. Por no hablar del minuto de gloria de Vox, negándose a sumarse a una declaración en apoyo a la isla tan simbólica como inocua.

«A la tragedia se suman altas dosis de oportunismo político como un elemento más de consumo de masas del rentable mercado de la solidaridad y el llanto fácil»

También a los medios nos toca hacer balance y autocrítica, a pesar de la entrega. Ni un solo reproche a la amplia cobertura de todos sin excepción. Sin embargo, nuestra misión es la de informar, como la de los cuerpos de emergencias es apagar el fuego y salvar vidas. Sin florituras, heroicidades ni imágenes para el autobombo en Facebook. Las víctimas son las únicas protagonistas.

Probablemente otra tragedia sustituya pronto a esta y alimente de nuevo el bucle, o simplemente todo se mantenga latente a la espera de un final, si cabe con mayor énfasis. Pero nada cambiará si no hemos aprendido esta lección.