Editorial

Un Parlamento próximo al ciudadano

08/09/2019

La Mesa y la Junta de Portavoces hicieron historia esta semana al reunirse en La Graciosa, en una cita que marca el arranque de la actividad parlamentaria tras el paréntesis vacacional. El hecho de que se trate también del inicio de la legislatura confiere aún mayor relevancia al gesto institucional con una isla que tiene consideración de tal desde la aprobación y entrada en vigor del nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias.

Según detalló el presidente de la Cámara, el socialista Gustavo Matos, tanto la Mesa como la Junta tienen intención a lo largo de la legislatura de reunirse en el resto de las islas, en un intento por acercar a la ciudadanía el trabajo que hacen los parlamentarios. Se sigue así la senda marcada ya en el anterior mandato por la también socialista Carolina Darias, que no solo se esforzó en esa línea, en un muy necesario y saludable ejercicio de apertura de puertas y ventanas de la Cámara, sino que consiguió que el Parlamento de Canarias cobrase en una especial relevancia en el marco de las asambleas regionales, tanto españolas como europeas.

El Parlamento tiene que derribar el mito de unos diputados que trabajan poco y cobran mucho. Generalizar ese sambenito sería una gran injusticia, pero no es menos cierto que faltan mecanismos para conocer al detalle -y consiguientemente para fiscalizar- el trabajo de todos los diputados. Porque aquellos que decidan instalarse en la desidia pueden hacerlo casi sin cortapisa alguna, gozando para ello de una especie de corporativismo de sus compañeros diputados.

Ese esfuerzo de cercanía a los canarios es todavía más obligado tras la recomposición de la Cámara, con la entrada de diez diputados más (uno por Fuerteventura y nueve en la lista autonómica). Esa modificación, incluida asimismo en el Estatuto aprobado en octubre de 2018, es un primer paso para la reforma más en profundidad que toca encarar en el presente mandato y que no busca crear agravios interinsulares, sino atender al crecimiento poblacional y precisamente desmontar las muy notables asimetrías en la proporcionalidad del voto entre islas.

Bienvenido sea, por tanto, ese empeño del Parlamento por revalidar la confianza de los ciudadanos. Los representantes de la soberanía popular son depositarios de una confianza que no pueden defraudar y en sus manos está la defensa de los intereses de todos los canarios. Por eso es importante que su trabajo sea conocido en todos los rincones de la geografía archipielágica, desde esa octava isla ya consagrada legalmente a las siete restantes.