Opinión

Un año de psiquiátrico

02/04/2019

Aún los redactores no habíamos terminado de cerrar los últimos detalles de la crónica de la derrota ante el Elche y el club insular hacía oficial el fichaje del italiano y ex director deportivo del Milán, Rocco Maiorino, como máximo responsable de la parcela deportiva: la UD Las Palmas no da tregua. Es lo que le faltaba a un año de psiquiátrico, calificativo con el que definía Pepe Mel, la vergonzosa primera parte que protagonizaron sus pupilos ayer ante el Elche. La montaña rusa de la UD no se detiene. Tres entrenadores y dos responsables deportivos en menos de una temporada que se está convirtiendo en un descalabro mayúsculo.

Tanto es así, que el efecto Pepe Mel ha durado un partido, el del Deportivo de la Coruña, hasta que el equipo volvió a cometer viejos errores, vicios que le han costado bien caro y entró en su depresión perpetua. Errores arbitrales al margen.

El semblante y el discurso del técnico madrileño en la sala de prensa tras la derrota reflejaba abatimiento e impotencia. Sabedor que, salvo milagro, ya no queda nada más que acabar con la mayor dignidad posible un proyecto que estaba diseñado para campear a sus anchas en Segunda a golpe de millones: la realidad se ha visto que no es así.

El propio Pepe Mel se ha dado cuenta que el problema es mucho más profundo de lo que parecía. Una planificación que no ha cuajado y unas decisiones a veces inexplicables como la destitución de Manolo Jiménez con el equipo quinto y a seis puntos del líder para traer a un Paco Herrera muy querido por todos pero con el libreto agotado. No nos cansamos de repetirlo.

«A Maiorino le deseamos toda la suerte del mundo, porque la va a necesitar. Y mucha templanza porque la UD es única, para lo bueno y para lo malo. Nunca deja de sorprendernos»

¿Delirios de grandeza por parte de la cúpula?, puede ser, ya que dudamos mucho que alguien tire piedras contra su propio tejado pero también es difícil hacer las cosas tan rematadamente mal.

El principal señalado es ahora Toni Otero. Sus declaraciones tras el empate en Granada en contra del estamento arbitral apuntando a una mano negra que no quiere que la UD Las Palmas salga adelante, puede ser la gota que ha colmado el vaso ya que el presidente detesta que se culpe a los colegiados. Si a eso unimos el fracaso rotundo en lo que va de temporada, nos sale a una fórmula letal para Otero.

El ejecutivo, que se autoproclamó único y exclusivo responsable de todo lo que acontece en el área deportiva durante su presentación ha comprobado de primera mano como se las gasta la ‘silla eléctrica’ de la UD Las Palmas. Capaz de carbonizar a los corazones más duros como se ha puesto de relieve esta campaña.

Ayer veía como su nuevo jefe, el italiano Maiorino, le ‘pisaba las papas’ entrando en su parcela a golpe de martillo pilón. Se abren muchas vías se incertidumbre para un club que ya prepara la próxima campaña cuando quedan diez partidos para cerrar la actual y que espera una revolución en toda regla.

A Maiorino le deseamos toda la suerte del mundo, porque la va a necesitar. Y mucha templanza porque la UD es única, para lo bueno y para lo malo. Nunca deja de sorprendernos.