El turista del futuro

José Luis Reina
JOSÉ LUIS REINA

La pandemia nos ha enseñado muchas cosas, de eso no cabe duda. A pesar de su carácter cruel, devastador y amenazante, nos hemos dado cuenta de lo felices y libres que éramos antes del monstruo. Sin mascarillas, sin distancias, sin colas, sin miedo.

Entre esas muchas lecciones vitales que nos aporta la pandemia, que hay que saber leerlas, aquí en Canarias hemos aprendido algo de vital importancia: necesitamos a los turistas como el comer. Sin ellos, el paro se dispara, las ayudas sociales se triplican, los negocios cierran, el sector primario se empobrece, y así podría seguir en una cadena interminable hasta acabar en la más absoluta de las pobrezas.

Algunos espabilados y espabiladas, disfrazados de economistas pero en realidad dando un discurso partidista, nos contaron en los días más duros del virus que era el momento perfecto para que Canarias cambiara su modelo económico y se quitara de encima al turismo. Un discurso que adoptó incluso gente que tiene puestos de responsabilidad en el Gobierno canario. ¿Esa gente en qué mundo vive? ¿Acaso Canarias puede vivir de algo más que no sea de los millones de alemanes, británicos y nórdicos que nos visitan? Nunca sabían dar una respuesta clara, pero el discurso demagógico lo repetían una y otra vez, sin explicar el cómo y el cuándo.

Ojalá gasten esa energía en estudiar al turista perfecto del futuro. Al que hay que sacar del hotel y conquistarlo para que conozca el entorno, su riqueza gastronómica y cultural, y se gaste las perras ahí. Sin ellos, estamos muertos. Y no del virus, sino del asco, la miseria y la pobreza.