Primera plana

Trump y la deriva europea

05/06/2019

Ayer fue portada en diarios de tirada nacional la fotografía en la que posaban Donald Trump y la reina Isabel II con motivo del viaje del primero a Londres. Ambos representan el poder político, aunque un país sea una república y el otro una monarquía parlamentaria, pero están sin duda en el listado de los más influyentes del mundo, con una llamada o un mero enunciado en las redes sociales en el caso de Trump hacen temblar las relaciones internacionales. Su llegada a Inglaterra es en pleno brexit, por lo que el interés era mayor si cabe pues Estados Unidos puede ser un salvavidas de viejos sueños para la otrora potencia británica de ultramar.

La pregunta no es tanto por qué los británicos decidieron irse sino qué hace o deja de hacer la Unión Europea para estimular que se vayan y otros incluso se lo planteen. En este grupo no está España pero no siendo menos cierto nuestro país hace un tiempo pasaba por ser uno de los más fervientes europeístas para ahora nadar en la desconfianza hacia Bruselas. De hecho, no fue casualidad que José Luis Rodríguez Zapatero quisiera ser el primero en fijar el referéndum sobre el Tratado que establecía una Constitución para Europa que se celebró en España el 20 de febrero de 2005. En realidad, aquello más que una Constitución (una forma de llamarlo) era un tratado internacional. Y la respuesta fue positiva, seguramente hoy no lo sería tanto, por parte de la sociedad española para luego ganar el rechazo tanto en Francia como en Holanda.

Cuando el 26M fuimos a votar la urna que menos pesó fue la europea. Sin ir más lejos, la campaña fue en clave municipal y autonómica. El asunto político de Bruselas queda más lejos y se merecía una cita electoral separada. Aunque fuera para plasmar, una vez más, la escasa participación ciudadana. Lo peor no es que se demande más o menos vinculación europea sino que directamente no se hable de este asunto fruto del hastío. Y esto es lo que sucede en España. Y si miramos a la vertiente sur europea sobresalen las fuerzas antisistema italianas y el desgarro griego producto de la crisis de la deuda soberana y la retahíla de austeridad que supone una hipoteca en daño social para varias generaciones.

«Asistimos a la globalización del descrédito donde unos apuestan por reforzar las organizaciones supranacionales a costa de la identidad nacional y otros por hacer valer el nacionalismo frente a la marea internacional de la indiferencia»

De momento, solo Vox cuestiona el lazo de España con Bruselas. Pero antes o después emergerá por la izquierda una respuesta similar ante este tema. Quizá no ha salido aún dada la menor predominancia del sector industrial en nuestra economía que hace que no tengamos una legión de obreros venidos a menos como en Francia que ahora votan por Marine Le Pen en vez de opciones de izquierdas. Asistimos a la globalización del descrédito donde unos apuestan por reforzar las organizaciones supranacionales a costa de la identidad nacional y otros por hacer valer el nacionalismo frente a la marea internacional de la indiferencia.