Desde mi sofá

A todo trapo

El afán por consumir los productos culturales como si fuera una carrera de cien metros lo que genera es una sociedad cada vez más inculta

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

La joven cantante de un grupo musical nacional reconocía el otro día durante una entrevista y entre risas que desechaba a enorme velocidad las canciones de otros artistas que no le interesaban. En el móvil, si a lo diez o quince segundos la canción de marras o el videoclip en youtube no captaba de verdad su atención... a otra cosa mariposa.

Evidentemente, nada tiene de malo la confesión. Ni siquiera llama especialmente la atención, ya que el consumo rápido, velocísimo incluso, es lo que impera en la cultura y en casi todos los ámbitos para las nuevas generaciones. Lo que importan son los chispazos y lo que logra un éxito mayúsculo se va por el sumidero a la misma velocidad con la que ascendió a lo más alto. Por ejemplo, cuando se estrenó en Netflix 'El irlandés' (The Irishman), de Martin Scorsese, en internet se multiplicaron los tutoriales para que los espectadores pudieran disfrutar troceado de este largometraje de 209 minutos, porque hacerlo de un tirón les parecía una utopía. Un esfuerzo titánico.

Es tal el volumen de la oferta musical, audiovisual y literaria que las prioridades han cambiado. Lo importante no es disfrutar tranquilamente del producto en cuestión, sino leerlo, oírlo o verlo lo más rápidamente posible, interactuar con los amigos virtuales en las redes sobre la impresión causada y pasar al siguiente producto lo antes posible dentro de esta rueda infernal.

La población tiene en sus manos la posibilidad de estar más conectada que nunca pero en el fondo cada vez se está más solo. También se es más inculto, no por falta de conocimientos, sino por ser incapaz de saborear la cultura.