OPINIÓN

Torres y la urgencia sanitaria

25/03/2020

Es un espejismo que desde el Ministerio de Sanidad por sí solo pudiese gestionarse la crisis del coronavirus. Tras décadas de descentralización en las que precisamente la sanidad ha sido elemento fundamental del autogobierno, de la noche a la mañana no hay Gobierno central que cambie esta tendencia. Puedes formalmente recentralizar al alimón de la emergencia pero, al final, se impone la realidad consumada durante años. Tanto es así, que hasta presidentes de comunidades autónomas del PP se han sumado a la petición de cierre total pretendida por Quim Torra.

Ángel Víctor Torres habrá pensado que hacer caer a un miembro del Gobierno, a la consejera de Sanidad y en plena pandemia, es síntoma inequívoco de que el boquete de ingobernabilidad es significativo. De lo contrario, se espera a que las aguas se calmen. Cuando un Ejecutivo se conforma, el llamamiento a filas por el presidente atiende tanto a criterios de confianza o especialidad técnica como de cuota de partido. El caso de Teresa Cruz es este último, y no por ello menos legítimo. Fue auspiciada por el sector de Tenerife que justo se enfrentó en el proceso de primarias a Ángel Víctor Torres. Y tras el sacrificio de Jesús Morera, que siempre tuvo todas las quinielas para encargarse de la sanidad pública, dicha familia política no podía permitir que se negasen más nombres en el camino. Este es el punto de inicio, luego vinieron los conflictos dentro del ramo en los que Torres tuvo que acudir a sofocar en el área de Cruz. Pero ahora la situación política, de extrema urgencia, es totalmente distinta. Torres y su equipo está en la primera línea de fuego y comienza a llegar las oleadas de un enemigo implacable capaz de desatar una crisis sanitaria inimaginable en Canarias décadas atrás.

«Que Cruz sea cesada o invitada a marcharse, en estos momentos es un trago muy difícil de digerir en lo personal»

Que Cruz sea cesada o invitada a marcharse, en estos momentos es un trago muy difícil de digerir en lo personal. Eso sí, ya esto es lo de menos. O, mejor dicho, lo será cuando acabe esta pesadilla. Dicho en plata, Torres tiene que contar con que Pedro Sánchez tiene todos los boletos para acusar un desgaste de los que laminan una trayectoria y eso en el PSOE, amarrado para bien o para mal a la marea electoral nacional que tanto sube como baja, es vital. Dicho de otro modo, Torres tiene que evitar a toda costa añadir más focos propios de inestabilidad o conflictos netamente canarios a los que de por sí le vendrán de Madrid. Del mismo modo, que ni Nueva Canarias ni Podemos les interesará ligar su suerte a Sánchez. En cuanto a ASG no es de ámbito regional y, por ende, no tiene este dilema pues su voto está totalmente territorializado en La Gomera.

Por otro lado, el Pacto de las Flores responde a una coalición asimétrica en la que suele producirse que los rendimientos electorales futuros no responden de la misma forma. A saber, los crecimientos no se reparten por igual sino que operan a favor (o en contra de todos) del que tiene más escaños. Y, por lo tanto, los socios de Gabinete (que solo ostentan la gestión de una Consejería respectivamente) tampoco pueden permanecer ajenos. Quizá, para algunos esto no tiene importancia actualmente pero sí que la tendrá a medida que se acerque la cita electoral en 2023 y le toque a cada uno vender su gestión.

El modelo de sanidad púbica requerirá de un giro enorme cuando, antes o después, pase el coronavirus. La opinión pública demandará reforzarla lo que implica una posición proactiva y nunca de ir a remolque de los acontecimientos. Ciertamente, es una Consejería en la que el nivel de queme político es considerable; sea Cruz o quien se tercie. No obstante, políticamente lo trascendental para Torres es que debe buscar la manera de desmarcarse del propio Sánchez en tiempos venideros. Y ejecutar una remodelación del Gobierno que aporte una imagen de frescura y renovación tras la batalla sanitaria. La legislatura nacional está materialmente finiquitada. Y Torres debe sortear este obstáculo que requiere de audacia y olfato político.