Bardinia

Todos en el mismo barco

30/06/2020

Nos ha tocado vivir una de las épocas más complicadas en muchas décadas. El debate sobre Canarias y sus sucesivos monocultivos lleva años en vigor, y en tiempos de bonanza fueron muchas las voces las que abogaron en que poner todos los huevos en el mismo cesto no era una buena idea, como se ha demostrado ahora mismo. Construcción y turismo dieron grandes beneficios a unos pocos y tampoco hay que negar que dieron trabajo y bienestar al conjunto de la sociedad canaria, pero siempre estaba encima la espada de Damocles, que nadie quería asumir. Hubo momentos de gran bonanza, en los que se hablaba de diversificar el riesgo, pero nunca se llegó a materializar una verdadera apuesta política ni empresarial.

Ahora se habla de un futuro alternativo, pero eso no se improvisa, y el renacimiento de la economía habrá que fiarlo de nuevo al turismo como punta de lanza, porque no hay otra; lo que sí es necesario es que, una vez empiece todo a funcionar, no nos empeñemos en seguir agrandando el mismo sector. No soy economista, pero está claro que el mundo que se avecina va a moverse en otras coordenadas, y ahí es donde Canarias debe apostar por tener distintas actividades, que pueden funcionar a pesar del aislamiento y la distancia. Sabemos que vienen tiempos complicados, y el gobierno y las fuerzas políticas, económicas y sociales tienen que ir a una sola voz, sin perder de vista Europa, que es quien ahora mismo tiene la posibilidad de echar una mano.

El cambio que necesita Canarias -y España- tiene la obligación de darse cuenta de que en el siglo XXI ya no valen las recetas del pasado. Estoy convencido de que si remamos en la misma dirección podremos salir adelante, pero aquí no caben politiquerías de vuelo de gallina. Es el momento de tener altura de miras, y este mensaje vale también para todo el Estado. El reto es fuerte, y se necesitan todas las manos. Hay asuntos pendientes que unos reivindican por un lado y otros por el contrario, pero nada de eso servirá, porque lo que ahora se necesita es un proyecto de reconstrucción que abarque a todas las capas de la sociedad, y los liderazgos políticos y económicos tienen la obligación moral de dar la talla.

Y luego está la pandemia. El confinamiento sirve para detener el primer golpe, pero es obvio que para seguir adelante hay que mantener un duro equilibrio entre eso que llaman nueva normalidad y una Sanidad que esté en condiciones de responder cada día para que el asunto no se vaya de las manos. Y esa es una de las grandes bazas, porque los sanitarios de Canarias tienen que ser tratados según su valía, y son necesarios más. El acuerdo al que se llegó en el Congreso la semana pasada y que va camino de convertirse en ley es un buen ejemplo, pero ahora hay que plasmar la teoría en la práctica, y si no vamos a Europa como una sola voz las dificultades de ser escuchados serán mayores.

Pocas veces Canarias, España y Europa se han enfrentado a una situación tan complicada, es el momento de que cada cual sepa qué puede aportar, porque el éxito de empresa tan ardua no será de un político, de un partido o de un sector empresarial. Ha de ser obra de todos, y hacia esa meta deberemos dirigirnos, porque, discursos oportunistas aparte, navegamos en el mismo barco. Buena semana.