Ahora no toca

El PSOE lanza un mensaje claro en la lucha por el poder insular

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

La dirección federal de los socialistas, a instancias de sus colegas de Canarias, ha decidido que ahora no toca. Que si Augusto Hidalgo y Sebastián Franquis quieren medir sus fuerzas, que esperen unos meses. O, ya puestos, que desistan del empeño.

El argumento esgrimido por Ferraz es de esos que impide una réplica: la situación de La Palma. Es tan doloroso lo que sufren los ciudadanos de la Isla Bonita que poner un reparo a la decisión es una invitación para quedar mal. Pero ya que ni Hidalgo ni Franquis se quejarán, vamos a contar las cosas como son: el parón en seco a los congresos insulares obedece a que el mandato de Ferraz, como también el del equipo que rodea a Torres, es que ahora no toca meterse en estas batallas internas. Porque el riesgo de una confrontación sin velo alguno entre el actual alcalde y el actual consejero de Obras Públicas es el que enseña la historia del PSOE y de otros partidos: los que ganan el congreso sacan la guillotina al patio y se ensañan con los perdedores, mientras que los supervivientes, además de esconderse, evitan implicarse en la campaña. Lo cierto es que el PSOE está tocando a rebato y cree un lujo prescindir de cualquiera, ya sea tropa, alférez de complemento o generalato. La posibilidad de perder en las urnas y que se consoliden a nivel nacional y a escala regional, insular y local mayorías conservadoras, con PP, Vox y nacionalismos varios, está ahí.

La batalla entre Franquis e Hidalgo tiene, además, sabor a secuela. Es como una segunda temporada de una serie que acabó con la victoria orgánica del primero en la lucha por controlar por la agrupación capitalina, pero con el segundo consolidándose como alcalde nada menos que una de las diez primeras ciudades de España. Casi nada lo del primero al frente de la poderosa Consejería que dialoga con las grandes constructoras y tiene a su delfín con mando en plaza en el Cabildo, más la sintonía con la presidencia de la Autoridad Portuaria de La Palmas, mientras que el otro dirige la primera ciudad de Canarias, lidera un tripartito que acabará su segundo mandato sin mayores líos y nadie le discutirá la idoneidad para dar el salto al Cabildo. O al Congreso si lo desea.

¿Por qué entonces la batalla? Pues seguramente porque la condición humana tiene estas cosas. Frente a eso, el mensaje del partido es claro: ahora no. Está en juego la continuidad del PSOE en el poder y, frente a las palabras mayores de la política, la estrategias de salón no son bien vistas. Además de que suelen conducir al suicidio.