Jaula y arco iris

Mamé León, mucho más que un 7

17/02/2020

En el pasado verano Roger Xuriach, coordinador de la revista Panenka, me remitió un correo electrónico solicitándome una colaboración en un número especial que la publicación iba a dedicar al fútbol de los años sesenta. Centrado, en mi caso, en la Unión Deportiva Las Palmas. «Un artículo sobre aquella UD Las Palmas que encadenó un tercer puesto y un subcampeonato de liga, con partidos memorables y lucha aguerrida contra el Madrid de los ye-yés. Hablar con algún miembro de aquella plantilla, sobre la gran presencia de jugadores de la cantera en su equipo más exitoso...».

Tengo que reconocer que fue un verdadero placer rememorar historias y escribir sobre aquel equipo que tuve la suerte de ver jugar en el viejo Insular. El que alcanzó el tercer puesto de la Liga en la temporada 67/68, que pudo ser primero si no se hubiese producido una más que polémica derrota en el Bernabéu en el último tramo de la competición. Y un brillante subcampeonato en la siguiente temporada, la 68/69. Con una plantilla y unos titulares que, salvo los dos porteros vascos, Oregui y Ulacia, eran producto de la cantera canaria. De Gran Canaria (Germán, Guedes, Tonono, Castellano, Aparicio, León...) y de Tenerife (Gilberto I, Gilberto II, Martín Marrero y José Juan). Configurando, con toda seguridad, el mejor once de nuestra historia y las mejores clasificaciones del club. Con las primeras participaciones, asimismo, en competiciones europeas, en la denominada Copa de Ferias.

Estos días he recuperado el artículo de Vázquez Montalbán sobre la UD, ‘Cansancios’, publicado en El País en julio de 1995, y que me remitió en su edición de papel Javier Valido, amigo del escritor Santiago Gil.

En él analiza una entrevista de Manuel Campo Vidal en Antena3 al entonces presidente Felipe González. Montalbán inicia el texto calificando a Vidal de excelente conductor del mensaje audiovisual, para luego señalar: «Pero el otro día le ocurrió lo mismo que solía sucederle a cualquier equipo de fútbol que se enfrentara al Las Palmas de los buenos tiempos: Martín, Tonono, Guedes, Germán... Aquel Las Palmas jugaba como si hubiera venido a este mundo a sestear y poco a poco la indolencia de los jugadores canarios se contagiaba al adversario. Era el momento esperado para que Guedes hiciera un pase magistral y el gol despertaba al árbitro, a los espectadores y al portero rival cuando ya era demasiado tarde».

Creo que el autor de ‘Carvalho’ no fue en modo alguno justo con nuestro fútbol, que más que indolente era hermoso y pausado. Con jugadores de un gran nivel técnico. Como el recién fallecido José Manuel, Mamé, León. Un extremo ambidiestro habilidoso y rápido, combinativo (su entendimiento con Germán Dévora era absoluto) y, además, resolutivo ante la puerta.

Máximo goleador en la 68/69 con once goles, cuarto en el Pichichi de esa temporada, octavo máximo goleador histórico del club, con 67 tantos en sus quince temporadas en la UD, trece de ellas en Primera. Una trayectoria impresionante.

En el verano de 2019, quedé con Mamé León en las instalaciones del Club Náutico, en Las Palmas de Gran Canaria. Estuvimos hablando unas dos horas, en las que demostró su enorme conocimiento futbolístico y su amor por el equipo en el que desarrolló su brillante carrera.

Incluso le pidió a su hija, que lo acompañó durante la entrevista, unas monedas para darme una explicación práctica de cómo se situaba y se movía en el campo el once amarillo dirigido por Luis Molowny. «Defensa de cuatro, con Castellano de marcador, José Luis, Martín o Aparicio en los laterales y Tonono de hombre libre; un centro del campo de muy buen nivel con Guedes, Germán y Gilberto II; y en la delantera Gilberto I, José Juan, como delantero centro, y yo. Fuera de casa, Molowny lo que quería es que yo fuera el cuarto centrocampista».

Me decía que se continuaba sintiendo muy orgulloso cuando, cincuenta años después de aquellas gestas del equipillo, la gente le paraba por la calle para saludarlo y felicitarlo por su aportación al fútbol canario; y como le seguían recitando de memoria la alineación de aquellos años de gloria. «Había un bloque y un entrenador, Molowny, que nos conocía perfectamente, a muchos desde la etapa de juveniles. Un once prácticamente estable, al que se sumaba Niz, un auténtico comodín que suplía con plenas garantías a los lesionados en casi cualquier zona del campo. Con una plantilla de 25 jugadores, en la temporada 68/69 jugamos 14 la Liga, a lo que se sumó Lo, que en los dos o tres últimos partidos sustituyó a un lesionado José Juan». Asegurando que la compenetración era plena entre aquellos futbolistas.

León reivindicaba los modos y maneras de aquel equipo de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta del pasado siglo. «Nosotros jugábamos al fútbol. Otros correrían más o tendrían más físico. Eso hizo admirar al fútbol canario a estrellas como Alfredo Di Stéfano. Salíamos aplaudidos de la mayoría de los estadios en reconocimiento a nuestra manera de jugar».

En su listado de grandes futbolistas isleños, Mamé me citó a tres: Germán («probablemente, el más grande»), Rafael Mujica («un jugador muy completo») y Alfonso Silva.

«¿Cómo jugaba yo? Nadie sabía si era zurdo o diestro. Aunque tenía el 7 en la camiseta, jugué muchas veces en la izquierda, tanto en la selección juvenil como en la Unión Deportiva cuando se lesionaba Gilberto I. Creo que destacaba por la velocidad y el desborde. Y que, también, peleaba bastante. Me entendía perfectamente con Germán, pero también con Guedes y sus largos y precisos pases que buscaban a Gilberto o a mí, y nos dejaban en perfectas condiciones para encarar la portería contraria». Antes de despedirse me habló de su delicado estado de salud. Le agradecí el tiempo que me dedicó y lo que aprendí en ese agradable rato futbolero. En el que mostró sabiduría y bonhomía, sin un gramo del menor engreimiento o divismo.

Ahora, a mitad de febrero, nos acaba de dejar un grande del fútbol canario, de los que contribuyó a enamorarnos de un equipo, la Unión Deportiva, pero también de una manera de entender el fútbol que algunos, seguramente nostálgicos, seguimos reivindicando.