Voces, palabras

Desde la cumbre más alta

15/09/2018

La señora Sáenz de Santamaría, hasta ayer todopoderosísima vicepresidenta del Gobierno y ojito siniestro del señor Rajoy, acaba de anunciar su retirada de la cosa pública «para emprender otra etapa». (Preposición –para-, verbo –emprender- y sustantivo –etapa-, tres voces en las cuales la ‘p’ de PP aparece –respectivamente- en posición inicial, intermedia y final. Es decir, la representación gráfica de sus tres momentos como militante: iniciación, encumbramiento y declive.)

Pero nadie llora en el PP. Ni tan siquiera su nombre se menciona: el Gran Timonel está al acecho, se decreta el silencio. Callan lisonjeras voces, laudatorias armonías, electrizantes espasmos de quienes –hasta el mismo 31 de mayo, voto de censura- veían en Ella la reencarnación del señor Rajoy. Ella, la Elegida, casi el otro yo del presidente, llevaría de la mano hasta el templo de los dioses a quienes formaban la Corte desde tiempos inmemoriales.

La aclamaban, obviamente, para garantizar sus nombres en las nuevas listas del poder. Y lo hicieron como el antiguo pueblo de Roma: este glorificaba la entrada de sus legiones al son de claros clarines adornados de áureos sonidos, a la manera de La marcha triunfal rubendariana. A fin de cuentas solo Ella tenía acceso a la libreta rojigualda del señor Rajoy, allí donde la pirámide de gobiernos, alcaldías, consejos de administración, Senado y parlamentos (europeo, español, de comunidades) se construía con nombres y apellidos de los más fieles. Eso sí: siempre por España, «El futuro de España».

La tarde del lunes 10, en efecto, nadie lloró por la señora Sáenz de Santamaría (ni tan siquiera la señora Cospedal, qué deshumanización). Muy al contrario: hubo suspiros de complacencia, llamadas a rebato para abandonar aproximaciones a la expresidenta. Y eso que contaban con su experiencia y sabiduría para la pregonada victoria sobre el infiel, ya lo había vociferado el señor Casado: «Le ofrezco formar parte del Comité Ejecutivo Nacional».

Lo cual, dicho sea de paso, no es más que la constatación de un hecho mil y una veces repetido: presidentes recién elegidos (de Gobierno, autonomías, ayuntamientos, asociaciones de vecinos, clubes...) sienten el paternal pálpito de contar con los perdedores y, sobre todo, pregonan la universalización de su mandato: «Gobernaré para todos, sin exclusión de colores, ideologías». Y con el señor Casado se repetiría la cantinela ya centenaria: «Lo que importa es España»... y la casi divina presencia del rey en todas las actividades: «¡Viva el rey!». (¡Me emocioné, karajo!)

Por ese afán aglutinador el señor Casado dio órdenes tajantes: la señora Sáenz de Santamaría, ayer todopoderosísima mujer, debe ser ubicada en medio de diez de los suyos, pues diez personas trasanteayer afines a la exvicepresidenta forman parte del nuevo Comité. Se trata, también, de la misma y sempiterna estrategia: mantuvieron al señor Hernando como portavoz psocialista (Congreso) tras la traición a su amigo Pedro cuando barones del partido y la princesa mora andaluza defenestraron -octubre, 2016- al hoy otra vez secretario general del PSOE. (Cargos y suculentas nóminas quebrantan lealtades: «El dinero es alcalde y juez muy alabado, / es muy buen consejero y sutil abogado, / [...] de todos los oficios es gran apoderado». Arcipreste de Hita, siglo XIV).

«La maquiavélica maniobra para alejarla del poder –incluso en el hemiciclo del Congreso de los Diputados tras el nuevo reparto de escaños- dio resultado: la señora Sáenz de Santamaría no aceptó el destierro a una esquina»

La maquiavélica maniobra para alejarla del poder –incluso en el hemiciclo del Congreso de los diputados tras el nuevo reparto de escaños- dio resultado: la señora Sáenz de Santamaría no aceptó el destierro a una esquina cuando sus propios ojos vieron a subordinados suyos mucho más cercanos a la butaca del señor Casado, nuevo presidente del PP.

Por tanto, abandona la política, actividad hacia la cual sentía natural inclinación, devoción y apego. A fin de cuentas, durante la aplicación del artículo 155 de la Constitución llegó a ser también la primera virreina de Cataluña (forma castellanizada frente a Catalunya, vade retro, Satanás!): no alcanzó el poder de Isabel II, pero anduvo cerca. En sus vallisolitanas manos estuvieron el Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CTTI), el mando del Cesicat (Centro de Seguridad de la Información de Cataluña) y el boletín oficial de la Comunidad Autónoma. Todo eso cupo en su privilegiado cerebrito.

Tal consideración ante la Historia la convierte en mujer irrepetible, pues la señora Calvo Poyato –actual vicepresidenta- no tendrá la oportunidad brindada al Gobierno anterior a causa de precipitaciones, desajustes y acciones muy arriesgadas por parte del señor Puigdemont durante su mandato como honorable. Así, por ejemplo, Junts pel Sí no previó el elemental principio de acción – reacción y, por ende, el encarcelamiento del vicepresidente, consellers (hoy, ex) y los presidentes de las asociaciones Òmnium y ANC acusados de rebelión, sedición y malversación.

La señora Sáenz de Santamaría -desde su natural esencia de ser humano- rechazaba el poder que dan las instituciones políticas. Pero se vio obligada a ejercerlo por su ineludible compromiso con ella misma, la pertenencia al Partido Popular y el servicio a España, pues lo pregonaba desde tiempos inmemoriales su presidente: «Lo que es bueno para el PP es bueno para España». Ya, al final, añadió. «Me voy porque es bueno para mí, es bueno para el PP y es [por tanto] bueno para España». Y en España -¡qué injusta es la vida!- sigue amaneciendo con la misma naturalidad del año pasado.

Pero a la señora Sáenz de Santamaría –acaparadora única de información reservada, secreta y ultrasecreta- le dolía, como a Unamuno, España. Así pues, empuñó cetro, inteligencia, experiencia política y definidoras dosis de prepotencia (chulería es voz más española) para reemprender la recuperación ideológica de España. El Centro Nacional de Inteligencia –rigurosamente controlado- fortaleció su vicepresidente poder y llegó a fiscalizar desde la sombra hasta las actividades privadas de quienes manifestaron animadversión hacia ella. Y desde las más profundas oscuridades (pozos negros) forzó dimisiones, retiradas y claudicaciones.

La señora Sáenz de Santamaría está sola porque ya no es todopoderosa. Nadie del Partido Popular, nadie, levantó la voz y las palabras para denunciar su aislamiento en el hemiciclo del Congreso. El nuevo presidente usa libreta azul.