EFE

También esta vez

El carácter de territorio alejado y fragmentado que tiene Canarias vuelve a convertirse en un handicap

Paulino Rivero
PAULINO RIVERO Las Palmas de Gran Canaria

Aproximadamente dos años separan el comienzo de las restricciones derivadas de la covid-19 de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. En principio, parecía que nuestra situación geográfica y la condición insular supondrían ventajas a la hora de llevar a cabo el control de los contagios. El hecho de que Canarias no tenga continuidad territorial debería funcionar como llave de seguridad a la hora de controlar nuestras únicas puertas de entrada y salida, nuestros puertos y aeropuertos, pero la realidad fue que la economía canaria sufrió más las restricciones impuestas por la pandemia que la economía continental.

Nuestra situación geográfica y nuestra condición de archipiélago favorecen que gocemos del mejor clima del mundo y de una biodiversidad inigualable que, complementados con la calidad de nuestro cielo y mar, nos sitúan como una potencia turística. Sin embargo, los mismos factores que nos colocan en una posición de ventaja competitiva respecto a otros territorios nos convierten en una ratonera a la hora de tener que afrontar situaciones restrictivas a la movilidad.

Afortunadamente, Canarias respondió con una sola voz liderada por el Gobierno de Canarias a la hora de plantearle al Gobierno de España medidas diferenciadas para amortiguar el impacto de la crisis pandémica en las Islas. El resultado satisfactorio de la acción conjunta de ambos gobiernos ayudó a superar uno de los momentos más críticos en las últimas décadas de la economía canaria.

La decisión de Europa de afrontar la crisis económica y social surgida como consecuencia de la pandemia con políticas económicas expansivas y suspendiendo transitoriamente la disciplina presupuestaria y la contención del gasto público ha sido crucial para superar el agujero en el que nos metió el coronavirus. Pero dos años después, levantadas las restricciones impuestas por la pandemia en Europa y con unas excelentes expectativas en el sector turístico, Putin invade Ucrania.

La enorme diferencia entre el potencial militar del que dispone Rusia con respecto al de Ucrania hacían presagiar que la intolerable e inadmisible agresión rusa culminara en pocos días. Sin embargo, el patriotismo ucraniano está haciendo duradero el conflicto.

Los efectos demoledores de la guerra y las medidas económicas de castigo impuestas por Europa y EEUU a Rusia están desestabilizando a la economía. El encarecimiento del gas y del petróleo están disparando la inflación y su repercusión en la economía y el empleo es ya una realidad. El carácter de territorio alejado y fragmentado que tiene Canarias vuelve a convertirse en un handicap a la hora de abordar esta nueva situación. El incremento del precio de los combustibles puede suponer un serio inconveniente para el sector turístico canario y para las comunicaciones entre las Islas.

España y Portugal han planteado con éxito en el Consejo de Europa celebrado la pasada semana el carácter especial y singular que tiene la Península Ibérica en todo lo que tiene que ver con sus sistemas energéticos, exigiendo la aplicación de medidas diferenciadas para hacerle frente a esta nueva crisis. Así las cosas, más razones tiene Canarias para que se le reconozca por parte de España una problemática diferente y, por lo tanto, la necesidad de que se le apliquen medidas específicas que ayuden a nuestras Islas a afrontar la situación en similares condiciones al continente. Especialmente importante es el precio del combustible. Nuestra absoluta dependencia del barco y del avión exige el apoyo del Gobierno de España para que el precio de los combustibles no nos aleje más de lo que hoy hace la geografía. También esta vez Canarias necesita respuestas diferentes para abordar problemáticas distintas.