Ultramar

Sin vergüenzas

30/05/2020

Si en democracia tan importante es el fondo como las formas, mal anda la nuestra. Ahí están los dirigentes políticos de este país dejando claro que solo les vale el tacticismo en favor de sus intereses, sin preocuparles para ello echar mano de la pandemia, el dolor o la muerte. Unos porque se aferran al mando y otros, desbocados por hacerse con él. Tensionando, alimentando la crispación. Aquí no se debate, se deslegitima. Una timba es en lo que estamos. Y hay tanto trilero suelto que nos han terminado enredando en sus propias trampas. Unos provocan y otros burdamente caen en la provocación.

«Si en democracia tan importante es el fondo como las formas, mal anda la nuestra»

En este año galdosiano convendría tener más presentes las enseñanzas de don Benito, como ha hecho Elvira Lindo, y recordar sus lúcidas y vigentes palabras: «No todo es oro acá, ni allá todo escoria, que en uno y otro montón abundan el precioso metal y las materias viles. No debemos despreciar, tratándose de la política, las formas, amigo mío, las socorridas formas, necesarias en este arte más quizás que en ningún otro; formas pido a los hombres en lo que escriben, en lo que decretan, en lo que hacen; formas en el trato político como en el social, y sin formas las ideas más bellas y fecundas resultan enormes tonterías».

Otras vez oídos sordos al sabio, mientras padecemos una crisis sangrante. No respetan el dolor, tampoco el luto. Han convertido el Congreso de los Diputados en un ágora de insultos, donde hay ausencia absoluta de cortesía parlamentaria y el sinsentido, la desmesura, la frivolidad y el insulto se imponen a la sensatez. Han perdido todas las vergüenzas.

Indignos, miserables, traidores, indecentes, aristócratas del crimen político, golpistas... han sido algunos de los calificativos que se han escupido los que dicen velar por nuestro bienestar. Cómo no sentirnos huérfanos, si además mienten, ocultan informes, depuran y esconden acuerdos que nada tienen que ver con la «lucha contra el virus», que cínicamente dicen que es lo que les guía. Las formas y las vergüenzas brillan por su ausencia. Así hasta las ideas o demandas más «bellas y fecundas resultan enormes tonterías».

En Canarias, por ejemplo, los que se dicen nacionalistas, CC y NC, levantan legítimamente la voz para demandar para las islas la posibilidad de usar el déficit, los remanentes y que se permita el endeudamiento para menguar la crisis. Hay razones. Piden lo mismo que lo concedido a Euskadi. Y más tendrían que pedir porque aquí la realidad es mucho más dolorosa. Todo correcto hasta que a Pedro Quevedo se le ocurre criticar el mutismo del Gobierno español diciendo, sin vergüenza, que han convertido el Congreso en un mercado persa, lo que es cierto, pero dicho por un representante de los autoproclamados nacionalistas isleños, que han tenido la mercadería como santo y seña de su manera de hacer la política, convierte en tontería la solemne y legítima reclamación y pone a las claras cuán enredados están. ¡Y los dineros sin llegar!