Café para todos

Sin piedad ni perdón

11/09/2019

La asesina confesa del pequeño Gabriel, Ana Julia Quezada, se está jugando pasar el resto de su vida entre rejas. Casos como el de ella justifican la necesaria prisión permanente revisable para los casos más salvajes.

La frialdad mostrada tanto durante la búsqueda de Gabriel, queriendo aparecer siempre en el foco, como en el juicio que estamos viviendo estos días, demuestran que la reinserción no es un término adaptable a ella. La monstruosidad de su crimen merece todo el peso de la ley, sin piedad, ni perdón y con justicia. Arremeter contra la prisión permanente ante elementos de este calibre, además de demagógico, es una temeridad y una falta de respeto a las víctimas.

Los que violan a los niños, los que matan a las mujeres o los que asesinan sin piedad a cientos de personas en actos terroristas, no merecen volver a ver la luz del día, por mucho que el discurso de postureo diga lo contrario.

¿Se imaginan que la madre de Gabriel se encuentra a la cruel asesina de su hijo dentro de unos años cenando en un restaurante? Eso no sería justicia. Bastante alto es el precio que paga por perder de esa forma a su pequeño, como para tener que estar pensando en que la autora de la atrocidad duerme cómodamente.

¿Se imaginan que la madre de Gabriel se encuentra a la cruel asesina de su hijo dentro de unos años cenando en un restaurante?

Casos mediáticos como los de Diana Quer o Marta del Castillo volvieron a reabrir un debate obsoleto. Países como Francia, Noruega, Reino Unido o Dinamarca cuentan con esta pena para los salvajes no rehabilitables. No se trata de un debate ideológico, sino humanitario.

Numerosos son los casos de violadores en serie que lo primero que hacen nada más salir de prisión, tras más de 20 años de presunta rehabilitación, es cometer una nueva violación. Y esa es una realidad social y jurídica que España debe zanjar cuanto antes.

Los políticos utópicos que viven en un mundo de color rosa, y que sueltan eso de la reinserción casi de manera automática porque está en el manual del partido, deberían reunirse con los familiares de las víctimas de los peores crímenes del país. A ver si tienen la poca vergüenza de contarles la milonga de que la cárcel recupera milagrosamente los casos perdidos. Peligros públicos que amenazan de manera real la convivencia pacífica de la sociedad.

A esos que defienden penas menores para criminales mayores, se los pondría yo de vecinos en la puerta de al lado, a ver si duermen con tranquilidad, sabiendo que tras la pared habita un peligroso criminal sin atisbo de recuperación ni de querer recuperarse.

Dejemos la demagogia, la izquierda y la derecha, y protejamos a nuestras familias de los monstruos.