Ultramar

Si le digo le engaño

09/06/2018

En este trepidante tiempo, sobre todo político, que estamos viviendo nada es seguro y realizar un vaticinio resulta del todo temerario, tal y como vienen demostrando, una vez tras otra, los acontecimientos. Instalados en la sorpresa pasan los días, en los que, eso sí, se constata que los comportamientos no cambian y continúan ajustándose a la obtención del beneficio propio y no los del país, por más que los adornen con pirotecnia dialéctica.

Que qué va a pasar, pues si le digo le engaño, aunque convendría que no pocos exultantes con lo que está pasando bajasen el labio ante lo que estamos viendo, que aquí somos como el Redoxón, que de la misma manera que entramos en efervescencia y nos dejamos cautivar por algún que otro histrionismo, nos diluimos en la decepción. Así pues, toca esperar y ver lo que viene, cómo gestionan y con qué apoyos.

«Lo que se ha impuesto es el relato de los hechos, sencillamente porque la información no pide permiso»

Así las cosas, pongan en solfa eso que todos repiten, de uno al otro confín, de que les guiará la responsabilidad para garantizar la estabilidad y favorecer el interés general. Es decir, vaya usted a saber lo que pasará pero lo que está pasando es que el tacticismo es lo que se impone, de lo que se concluye que la responsabilidad para con el país la dejamos en veremos y la estabilidad ya comprobamos cuál es.

En todo caso, constatamos que los ciclos políticos cambian como consecuencia del embarrancamiento de unos, lo que permite que otros se eleven, precisamente por los deméritos de aquellos, y no por propuestas ni proyectos ilusionantes. Hagan memoria, desde la UCD, desmembrada, hasta hoy, con un Felipe González descabalgado por la corrupción, un Aznar víctima de las mentiras del 11-M, un Zapatero ciego ante la crisis y un Rajoy también desbancado por su inmovilismo ante las sempiternas prácticas corruptas.

Afortunadamente, en todos los casos, el relato de los hechos se ha impuesto, al margen de las ideologías; y es que la información no pide permiso, ni entra en considerandos, simplemente da cuenta de hechos veraces. De lo que se concluye que el papel de los medios de comunicación, tan puestos en solfa y asaeteados por una dura crisis, ha vuelto a ser decisivo en pro de la higiene democrática de este país.

¿Entienden ahora por qué los políticos solo quieren medios obedientes y aparatos de propaganda? Una vez más ha sido el relato de los hechos el que ha terminado empapando a la ciudadanía, que no se ha dejado distraer por la verborrea disuasoria, generando un clima social que ha provocado el cambio en el que estamos.

Volveremos a ser testigos de nuevas salvas de distracción y episodios múltiples de crispación, pero, una vez más debemos ratificar que el papel fiscalizador de la prensa ha sido decisivo para saber cuantos desmanes se han vuelto a cometer. Y los que vendrán.