Ese señor serio

El 4 de mayo se ponen en juego dos formas de hacer política

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Un señor triste pero con fundamento. Así se ha presentado históricamente a Ángel Gabilondo y así está presentándose él de nuevo en sociedad en la campaña electoral madrileña, en un intento de dar la vuelta a la tortilla, de manera que la seriedad se interprete como garantía de rigor en la gestión y no como sinónimo de soso.

Si le hacemos caso al sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas difundido ayer, Ángel Gabilondo tendría opciones de ser presidente pero por la mínima. Pero sería a costa de renunciar de entrada a lo que ha dicho, esto es, que prefiere no pactar con Pablo Iglesias. Claro que lo mismo dijo Pedro Sánchez y después bien que durmió durante un año en Moncloa con Iglesias en una vicepresidencia y sentado cada semana en el Consejo de Ministros.

En una precampaña tan polarizada como la madrileña, las opciones de Gabilondo pasan teóricamente no tanto por lo que pueda conseguir sino por esa combinación matemática que haga que el PP se quede sin aliado para rebasar la mayoría absoluta. No es precisamente la mejor carta de presentación de un candidato, pues el mensaje se puede resumir así: «No soy el mejor pero si la otra no lo consigue, aquí estoy yo».

No se nos debe olvidar que Gabilondo lleva más de un año aguantando que en su partido se pregunten qué hacía falta para presentar una moción de censura. En Murcia, por menos de lo que pasaba en Madrid, el Partido Socialista bien que lo hizo... aunque ya vimos cómo le salió la jugada. Pero lo innegable es que Gabilondo simboliza una forma de hacer oposición que no se parece a lo que teóricamente llevan planteando los socialistas desde hace meses en Madrid: fuego graneado contra Díaz Ayuso y su equipo.

A sabiendas de que no es la primera vez que el sondeo del CIS se equivoca gravemente, vamos a ver qué dicen las urnas el 4 de mayo. Porque se ponen en juego dos formas de hacer política y conviene saber cómo valoran los ciudadanos esos postulados. Todo ello en una España tan cambiante, como lo demuestra que hasta no hace mucho el partido de Rivera y Arrimadas parecía la gran esperanza blanca y ahora se le empieza a poner cara de arroz pasado de cocción.

Eso sí, si finalmente Gabilondo no es presidente, espero que no se haga la realidad el rumor que lo coloca como Defensor del Pueblo. Porque eso no sería serio, entendiendo seriedad como hace el propio candidato socialista a la presidencia madrileña.