EFE

¡Pero Señor, ¿tan malos hemos sido?!

Casualmente por estos días el señor presidente del PP y senador (representa a su propio partido) se ha dejado caer con ciertas afirmaciones casualmente aproximadas a las del señor Calvo Sotelo

Nicolás Guerra Aguiar
NICOLÁS GUERRA AGUIAR

Sin llegar a la discutida obsesión de Juan Ramón Jiménez («Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas»), la exquisita riqueza de nuestra lengua y su flexible estructuración nos permiten mirar de frente -con mayor o menor acierto- a distintos 'servidores públicos'. Así, sin aspavientos y con serenidad podemos reflexionar ante mensajes de algunos políticos quizás desajustados, aparentemente incoherentes, acaso desconcertantes.

1. Viene a cuento un caso concreto en el 'ABC' de días atrás. Bien es cierto que este diario conservador mantiene una línea editorial más tradicional que innovadora, más cercana a partidos de derechas y, por tanto, algo alejada de criterios progresistas. Pero cuida la exactitud lingüística: no hay (generalizo) desbordados apasionamientos, perturbables ardores, derroches verbales.

Así, utiliza la forma verbal precisa cuando intitula la aspereza de la señora portavoz del PP en el Congreso de los Diputados tras la barbarie del asalto fascista a las máximas instituciones de Brasil: «Cuca Gamarra arremete contra Sánchez». Y añade al titular la desordenada visión catastrofista de la señora: 'Contigo, en España, esto es un simple desorden público'.

Porque 'arremeter', en la segunda acepción del Diccionario (la primera, en desuso), significa 'Acometer con ímpetu, furia'. Y en este apartado la palabra 'furia' está relacionada con 'ira', es decir, negativa pasión del alma incluida en los siete pecados capitales (¡superiores a veniales y mortales!).

Según el catecismo, todos y cada uno de ellos se oponen a la doctrina cristiana; a la vez, acarrean consecuencias físicas y mentales. No obstante, si la señora Gamarra alcanzara en algún momento grados de serenidad, distensión y laxitud durante sus intervenciones tendría siempre a mano un antídoto, la templanza: es decir, moderación. Pero su logro se convertiría en ardua tarea si los ímpetus no se sujetan a la razón.

2. La señora Rodríguez, secretaria de Estado de Igualdad […], trompicó en su intervención del pasado 9 cuando en tono chistoso y ridículo -absolutamente fuera de lugar- se refirió a la ley del 'Solo sí es sí' y su relación con la rebaja de penas (o libertad) para algunos violadores. Sus compañeras de mesa secundaron tal desestabilizadora secuencia cuando, también entre risas, añadieron «¡A montones! ¡Miles! ¡Oleadas!» (infantiles machangadas sin ninguna gracia, por cierto).

Pero en el primer elemento de la gradación ascendente la voz 'montones' significa 'grandes cantidades de personas'. Y en este caso la cifra está alrededor de ciento sesenta directamente beneficiados ('Correo de Andalucía'). Es decir, ciento sesenta frustraciones de ciento sesenta víctimas; trescientos veinte impactos sobre padres y madres; miles de sentimientos heridos a hermanos, familiares, amigos... y ciudadanos que no son de extrema derecha, ni de derechas, ni de centroderecha, ni de centro, anonadados frente a una reforma que en la práctica resulta ser vía de escape y disminución de penas. Así, a la guasa o hilaridad de las contertulias se les puede añadir la voz 'coña' como adjetivo gramatical a la manera de La Palma ('Diccionario básico de canarismos'): 'Estúpida, boba, tonta'.

Todo lo cual corrobora que prudencias, sosiegos y capacidades no son precisamente características definidoras de ciertas personas con altas responsabilidades políticas... pero incapaces de reconocer el mismo día una imprudente afirmación pública. Y para mayor soberbia -lo opuesto a la humildad- la señora secretaria de Estado del Gobierno vuelve al desorden mental, al manejo de torpes secuencias lingüísticas y dice que «se ha manipulado mi intervención». Es decir: los analfabetos, guanajos, sanacas, toletes… somos los demás.

3. Casi ochenta y siete años atrás (a dos meses y medio del levantamiento militar-fascista contra el poder constitucional de la II República española) el señor Calvo Sotelo, ultraderechista, diputado parlamentario y jefe del Bloque Nacional declara ante la prensa grancanaria: «En riesgo de la vida misma de la nación deben dejarse en suspenso otros problemas que no sea el que pesa angustiosamente sobre todos, el social: comunismo o Estado nacional». Y añade: «Debemos forjar otra especie de Frente o Bloque Nacional […] para montar los sillares de un nuevo Estado, autoritario, avanzadísimo en lo social y sin gotas de marxismo».

Casualmente por estos días el señor presidente del PP y senador (representa a su propio partido) se ha dejado caer con ciertas afirmaciones casualmente aproximadas a las del señor Calvo Sotelo. Pudiera sospecharse -¡lejos de mí cualquier afirmación!- que las primeras tentativas para salvar a España del gobierno socialcomunistabolivariano se ensayan en Castilla y León, comunidad en la cual se podría inquisitoriar psicológicamente a las mujeres que reclaman su legítimo derecho al aborto, por ejemplo.

Así, apunta el señor Feijóo, España (la misma de la ultraderecha) «afronta un momento clave con el peor gobierno de su historia». Es decir, Gobierno infinitamente más terrible que los de quienes usurparon al pueblo su decisión salida de las urnas (1936); más infernal que los gobiernos inundados con la sangre robada a centenares de miles de españoles desaparecidos, fusilados, arrojados a simas (Jinámar), cunetas, La Mar Fea, altamar ('patitos al agua')...

«En las próximas elecciones hay que decidir entre este Gobierno o España», insiste. No entre partidos o la cruzada, sino entre el actual Gobierno y España (como los bolsonaros en Brasil). ¿Acaso con la idea «de montar los sillares de un nuevo Estado sin gotas de marxismo», algo así parecido -o simplemente coincidente- a como lo pretendía el diputado madrileño en sus declaraciones al periódico canario 'Hoy', 1936? (El señor Calvo Sotelo fue asesinado seis horas después de la muerte violenta de José Castillo Sáenz de Tejada -jovencísimo teniente de la Guardia de Asalto- a manos de ultraderechistas.)

4. ¿Y la reforma del Código Penal, la modificación del delito de malversación con la sospecha de satisfacer a Ezquerra Republicana, imprescindible para el Gobierno del señor Sánchez... y su aliado UP? ¿No delinque tanto quienes roban al Estado y amasan su pellita como quienes desvían dinero público y ayudan a las ánimas del purgatorio? En uno u otro caso es malversación, 'Apropiarse o destinar los caudales públicos a un uso ajeno a su función'.

('¡Pícamelo menú, es pa la cachimba!'.)