Primera plana

Sánchez y el giro a la derecha

17/09/2019

Si aplicásemos la lógica más esencial y Pedro Sánchez, en realidad, quisiera un Gobierno de izquierdas, lo suyo sería pactar ya con Podemos un Ejecutivo de coalición en cuanto que el PSOE no tiene ni parece que tendrá el 10N mayoría absoluta. ¿Para qué esperar entonces a lo que podría solucionarse ahora mismo? La respuesta es que Sánchez solo quiere la investidura gratis por parte de Pablo Iglesias o bien el sacrificio del PP o Ciudadanos. Pero un Gabinete de izquierdas, lo que se dice izquierdas de verdad, nada de nada. Tampoco es de extrañar cuando en 1993 Felipe González, que ganó en las urnas con mayoría simple rompiendo la tradición de las absolutas desde 1982, acordó antes con los nacionalistas que con IU liderada por Julio Anguita. Esta tesis refuerza la idea de que el PSOE es, junto al PP, un partido sistémico. En suma, una de las piezas claves del bipartidismo que explican la infraestructura y superestructura (en términos marxistas) del sistema del 78.

Lo mejor que podría pasar para la sociedad es que el 10N surja de las urnas una clara mayoría de izquierdas o derechas. Si no es así, y se repite lo que se intuye de un escenario similar al actual, los diversos partidos políticos volverán a tener el dilema entre manos que ahora han pretendido sacudirse de encima. No asumen su responsabilidad y se la devuelven a la ciudadanía. Si el 10N arroja un reparto de escaños al estilo del presente, entraremos en un tobogán de acontecimientos (otro más) hasta que se vaya aclarando si las reglas que conocimos desde la Transición dan para más o están agotadas.

Cuesta imaginar en las próximas semanas mítines que congreguen a la multitud y a los viandantes deseosos de ver los carteles de los candidatos colgados en las farolas. Animar la fiesta electoral va a costar lo suyo. Y será un aperitivo para calibrar si el nivel de participación se mantendrá o más bien baja considerablemente. Si el desánimo cunde, más probable es que surja una sorpresa.

Por último, aún no sabemos qué peso tendrá el que se otee una recesión económica. Puede que para el 10N, en puridad electoral, no repercuta, pero sí marcaría la próxima legislatura. Lo peor que le puede pasar a Sánchez es que se vea como José Luis Rodríguez Zapatero en 2008. Si el PSOE retorna a la senda de los recortes porque la política monetaria del Banco Central Europeo no da más de sí, prepárense para un ciclo político de lo más espinoso y/o apasionante. De momento, resta comprobar si a partir del 23 de septiembre el ánimo en la calle está por volver a ir a votar o, en cambio, sucumbir en el desaliento. Por el bien de todos, hay que votar aunque cueste superar la pereza o el hastío. Si no ocurrirá lo de siempre: serán otros los que decidan por ti.