Un paciente de covid-19 en una cama UCI. / EP

Sálvese quien pueda

La tentación, en estos casos, suele ser obvia: ocultar o suavizar la gravedad del caso para que la economía no se resienta

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

La pandemia de la covid-19 parece estar llamando otra vez a nuestra puerta, con una nueva variante que se anuncia como más contagiosa que las anteriores. Esto puede traducirse, o no, en nuevas medidas restrictivas de las libertades y, no son descartables, nuevos confinamientos. Ya Portugal los ha anunciado con un ridículo confinamiento que comenzará, no ahora, cuando sufren los contagios, sino después de las navidades, cuando no perjudiquen al comercio.

Hacer compatible el control de una enfermedad tan grave, y que tantas muertes ha ocasionado, con la buena marcha del mercado no es tarea sencilla. Este mismo viernes, las empresas relacionadas con el turismo se desplomaron en bolsa por la mencionada variante de la covid y esto, por la ancestral dependencia del sol y la playa, acabará pasando factura a Canarias.

La tentación, en estos casos, suele ser obvia: ocultar o suavizar la gravedad del caso para que la economía no se resienta. Llevamos meses y meses asistiendo a esta absurda estrategia que, a la larga, se muestra completamente inútil. El ciclo consistente en que los casos aumentan, los hospitales se colapsan y los políticos apelan a la responsabilidad ciudadana, como si no hubiesen sido ellos los que prepararon el desastre padece el síndrome del eterno retorno.

Planteado así el dilema, la solución no es sencilla, pues sin salud no hay vida y sin economía tampoco. La cuestión es si no se trata de un falso dilema, porque al menos en Canarias, lo que se dice economía, no la hay. A lo sumo, una mezcolanza de miseria, oportunismo y sálvese quien pueda.