Sáhara: esperando respuestas

El tiempo dirá si la confianza depositada por Sánchez en Rabat da resultados o es un brindis al sol

Editorial -
EDITORIAL - Las Palmas de Gran Canaria

Con su viaje el pasado jueves a Rabat para reunirse con el rey de Marruecos, Mohamed VI, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, consumó el giro de 180 grados en la política de nuestro país ante el contencioso del Sáhara Occidental. Lo hizo a pesar de comprobar la soledad parlamentaria del Partido Socialista en este asunto, tanto en las Cortes como en Canarias. Y lo hizo a pesar de que las explicaciones ofrecidas por Sánchez y por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, siguen rodeadas por un velo de secretismo que no invitan a la confianza. Más bien a lo contrario.

Por más que el Gobierno y los socialistas nieguen lo evidente, es incontestable el volantazo. De la noche a la mañana, España ha pasado de ser un actor neutral en la zona que se aferraba al parecer de la ONUy la equidistancia para salvaguardar las buenas relaciones con Marruecos y Argelia, a hacer suyo el discurso de Rabat sobre un plan de autonomía para la excolonia española.

En el argumentario ofrecido por Madrid se hace mención a la defensa de los intereses de España y la necesidad de recuperar los puentes diplomáticos, políticos, económicos y de seguridad con Marruecos. En ese catálogo de intereses aparecen el control de la inmigración irregular y la concreción de la frontera marítima, dos cuestiones que tienen a Canarias en el epicentro de la discusión. Pero pese a ello, siguen sin llegar las explicaciones a la ciudadanía de este archipiélago. Esperando estamos la visita del propio Sánchez o del ministro Albares, que tienen mucho que decir. Para empezar, deben aclarar si en algún momento ha peligrado la españolidad de Canarias y si ya hay acuerdos previos con Marruecos sobre el trazado de la mediana y la gestión de los fondos marinos. Si fuera así, resultaría inaceptable haber dejado a las islas al margen de la situación; y si no se ha llegado a ese segundo punto, ya está tardando Madrid en concretar cómo estará representada Canarias en esa mesa de debate.

El tiempo dirá si la confianza depositada por Sánchez en Rabat da resultados o es un brindis al sol. Lo innegable es que la confianza en Sánchez ha quedado quebrada en este asunto y así lo refleja la amplísima mayoría parlamentaria. De manera que el cambio de España respecto al Sáhara Occidental es, en realidad, el giro del presidente y su ministro. Y eso, en cuestiones de Estado, es indefendible.