...y los gatos tocan el piano

«Robar un beso»

La respuesta del grupo de «intelectuales» francesas al movimiento #MeToo ejemplifica la conocida ley física de la acción-reacción: Si un cuerpo actúa sobre otro con una fuerza puede esperar una reacción de igual valor en sentido contrario. Así, cuanta más fuerza toma la denuncia contra el acoso sexual, la violencia machista y la reivindicación de la igualdad, más fuerza adquiere el movimiento reaccionario.

Argumentan las autodenominadas intelectuales francesas que esta nueva oleada de feminismo podría acabar con el romanticismo del flirteo porque, en su consideración, las artes de la seducción incluyen ciertas acciones fáciles de confundir con el acoso, como cierta «importunación» y hasta «robar un beso». Al parecer, para ellas, conseguir un buen partido masculino bien vale un pequeño manoseo y besuqueo no consentido, aunque el espécimen sea el cretino que describen.

Estas reaccionarias francesas no llamarán la atención en un país como el nuestro, en el que aún se estila, incluso entre algunas mujeres, la defensa y comprensión de acosadores, pedófilos o violadores. En un país en el que algunos medios se esfuerzan por convertir las denuncias de abuso sexual en malentendidos y donde ser mujer es aún pertenecer a la segunda división de un torneo organizado por y para los hombres.

Sin embargo parece que las cosas están cambiando algo y, como afirmó Oprah Winfrey en su celebrado discurso en los Globos, «se acabó el tiempo». Esta cuarta ola de feminismo parece recuperar el brío perdido y, a buen seguro, ya no se parará ni con las críticas de francesas «intelectuales» y románticas.