Editorial

Responsabilidad para llegar a grandes pactos

04/04/2020

El mundo entero sigue sin poder calibrar todavía con exactitud el alcance de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus Covid-19. Para empezar, porque no se ha dado con la vacuna y porque las cifras de infectados están condicionadas por el hecho de que la escasez de pruebas realizadas impide saber con exactitud quién está infectado y quién no. En esa carrera contra el reloj que libran los científicos de todo el planeta, es clave que haya coordinación, intercambio de información y que prime el interés general, por encima del negocio que hará el sector farmacéutico cuando se encuentre la fórmula que garantice la inmunidad.

Pero esta crisis tiene una dimensión económica y social cuyo alcance es también imposible de delimitar en estos momentos. Lo que nadie cuestiona es que el impacto va camino de superar al de la recesión de 2008 solo en el capítulo de destrucción de empleo. Y será así tanto en cifras como lo está siendo en velocidad de crecimiento del paro. Los datos conocidos esta semana en España así lo corroboran y habrá que esperar números todavía peores en abril, un mes de confinamiento pleno y donde solo los expedientes temporales de regulación ya presentados y los que se están tramitando arrojarán cantidades elevadísimas.

Con ese escenario, es innegable la necesidad de grandes acuerdos. Ningún Gobierno en solitario puede afrontar este desafío con garantías de éxito, pues el escenario se complica porque el aumento en el gasto sanitario y social corre parejo a un desplome en los ingresos. Así lo apunta el vicepresidente y consejero de Hacienda del Gobierno de Canarias, Román Rodríguez, en la entrevista que hoy publica este periódico, en unas declaraciones en las que ya incide en la necesidad de que se arbitre un gran pacto para garantizar un futuro de desarrollo y cohesión social en las islas.

Abogar por el entendimiento no significa aparcar la depuración de responsabilidades políticas. Apuntarse al modelo de una nueva edición de los Pactos de La Moncloa, como ayer hizo el propio presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, no es óbice para escrutar la labor hecha por sus ministros. Y convendría también recordar que aquellos Pactos de La Moncloa fueron posible porque España contó con políticos y agentes sociales que eran conscientes del momento trascendental que vivía el país, con un riesgo de involución evidente, y que antepusieron el sentido de Estado a sus propios principios ideológicos. Ahora no está en cuestión el modelo democrático pero se hace difícil encontrar en todos los agentes políticos ese poso de responsabilidad.