Resiliencia

El mérito de los palmeros ante el volcán se multiplica en un año de pandemia

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Cuando se llega al final de un año como este 2021, es difícil sustraerse a la tentación de exclamar: «Menos mal!». Pero acto seguido la prudencia nos aconseja evitar esos suspiros de alivio, pues nada garantiza que 2022 vaya a ser rematadamente mejor. Sobre todo si miramos el contador de contagios de covid-19 y lo contraponemos con el medidor de coherencia y valentía de quienes tienen que tomar las decisiones sobre cómo combatir la pandemia. Sobre esto, tan solo un apunte: si en Nochevieja no se puede superar las diez personas en una cena familiar, alguien me puede explicar por qué en el derbi del fútbol canario sí puede haber miles de personas, con lo que eso significa de medios de transporte llenos de aficionados para ver el encuentro, bares y otros negocios de restauración igualmente llenos en los alrededores del Heliodoro Rodríguez López... No consta que en la Roma clásica tuviesen un coronavirus pero sí consta que sus emperadores y sus senadores sabían cómo funcionaba eso del 'pan y circo' para tranquilizar a las masas. Aquí, cambiemos lo del circo por campanadas en la madrileña Puerta del Sol o aforo del 75% en los campos de fútbol y la estrategia es la misma.

Pero sobrando motivos para empujar este 2021 a ver si acaba incluso antes de las 24.00 horas de hoy, quedan algunas cosas que ayudan a endulzar el sabor de boca. Y básicamente una: el ejemplo que ha dado, sigue dando y estoy convencido que seguirá dando la sociedad palmera. Los vecinos de esa isla saben mejor que nadie lo que ha supuesto el volcán. El maldito volcán... que ojalá a medio y largo plazo sea una espoleta para el cambio parcial del modelo productivo y para la generación de ingresos, pero que en lo inmediato deja una senda de destrucción de valor millonario. Pero de estimación intangible en cuanto a la emocional y, por tanto, difícil de calcular. Si debió ser duro ver cómo se perdían viviendas, fincas y demás negocios, más aún saber que la lava se llevó incluso la superficie donde se encontraban esos inmuebles... e incluso un cementerio. Compensar económicamente se me antoja imposible. Razón de más para poner en valor la resiliencia ejemplar de la sociedad palmera, que sabrá cómo salir adelante. El mérito se multiplica en un año de pandemia, con la mascarilla puesta, la distancia social, las limitaciones derivadas de la prudencia ante el repunte de contagios...

Solo por ese ejemplo creo que vale la pena salir al balcón, como hacíamos en 2020, y dedicarles un par de segundos de aplauso a los habitantes de La Palma.

¡Feliz año!