Repunte migratorio

Se echó en falta un gesto del presidente del Gobierno, de vacaciones precisamente en Lanzarote

Editorial -
EDITORIAL -

Coincidiendo con la estancia vacacional del presidente Pedro Sánchez y su familia en Lanzarote, los hombres y mujeres de Salvamento Marítimo, Cruz Roja, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y el personal sanitario se encontraron entre el jueves y ayer sábado con un repunte migratorio de gran intensidad:unas 500 personas rescatadas del mar en menos de 48 horas, con algunas en estado crítico y con la trágica desaparición de un menor de edad.

Como siempre que llega una embarcación con inmigrantes irregulares, Policía Nacional y Guardia Civil tratan de dar con las mafias que se enriquecen con la desesperación de quienes ansían una vida mejor. Pero, en paralelo a ese trabajo, hay que preguntarse si falló la vigilancia del litoral africano para que no se detectase a tiempo y se abortase la salida de una decena de barquillas. Es ahí donde entra en juego una cuestión que va mucho más allá del denodado esfuerzo de policías y guardias civiles por poner coto a las mafias: estamos hablando de la dimensión diplomática y política del asunto migratorio, que tiene al propio presidente del Gobierno de España como el primer interlocutor director con el Reino de Marruecos. Porque si Sánchez no tuvo duda alguna a la hora de dar un volantazo en la posición española respecto al contencioso del Sáhara Occidental, también le compete actuar de inmediato para calibrar si este repunte migratorio es puntual o significa que vuelve a haber dejación en la vigilancia de las costas marroquíes y saharauis.

A todo ello hay que añadir una cuestión de sensibilidad:se echó en falta ayer un gesto del presidente del Gobierno de España ante ese episodio migratorio, máxime cuando algunas de las barquillas fueron localizadas a escasa distancia de donde disfruta de sus vacaciones. No solo no acudió al muelle donde el personal de Salvamento se pasó la jornada descargando a los rescatados o al centro de atención a los migrantes, sino que terminó la jornada sin una sola mención en sus redes sociales. Cuesta entenderlo cuando estamos hablando de una ruta migratoria que, por desgracia, se ha consolidado como una de las más peligrosas.

Como dijo ayer el vicepresidente del Gobierno canario, Román Rodríguez, Canarias no quiere ser una cárcel de inmigrantes, pero tampoco una tumba. Y este asunto no se merece el silencio del presidente Sánchez, menos aún cuando está a tiro de piedra del drama.