Reflexiones por Canarias

Paulino Rivero
PAULINO RIVERO

El virus también se ha llevado por delante los tradicionales actos con los que conmemoramos el Día de Canarias, pero no podrá arrodillar ni ahora ni nunca nuestro sentimiento de pertenencia, de canariedad y de identidad, esa forma de sentir y de ser que llevamos dentro quienes hemos nacido en esta tierra y aquellos que, procedentes de otros territorios, sienten las Islas como algo igualmente suyo.

El de ayer ha sido un Día de Canarias diferente. Este año hemos echado en falta la alegría que siempre han transmitido los niños y niñas en sus idas y venidas al colegio ataviados con trajes tradicionales. El virus también frustró el colorido de las fiestas y bailes de nuestros mayores. Tampoco han podido celebrarse proyecciones, conciertos ni representaciones conmemorativas de nuestro día -del día de todos los canarios de dentro y fuera del archipiélago-. Ni las exhibiciones de los juegos tradicionales. Ni la arraigada luchada del 30 de mayo.

Las especiales circunstancias que vivimos también aconsejaron suspender -por primera vez en casi cuatro décadas- el emotivo acto institucional que suele poner fin a los actos de tan señalada efemérides. Sin embargo, el coronavirus no puede ser un impedimento para que -aprovechando la ocasión que siempre nos brinda el Día de Canarias- reflexionemos sobre el pasado, presente y futuro de nuestro archipiélago. Muy al contrario, los demoledores efectos que el virus está provocando en la economía y en el bienestar de la gente de esta tierra exige a las autoridades, empresarios, sindicatos y colectivos de cualquier naturaleza una seria reflexión sobre el futuro de las islas.

Prácticamente hasta los albores de los años ochenta muchos canarios tuvieron que buscar un futuro más prospero emigrando. La capacidad productiva que tenían las Islas no permitía a muchos compatriotas tener un horizonte esperanzador para sus familias. La emigración no fue una opción, fue una necesidad. El turismo de masas irrumpió con fuerza en Canarias en los años setenta y con creciente intensidad en los comienzos de los ochenta. La llegada de la democracia y nuestro Estatuto de Autonomía coincidieron con el impulso que proporcionó a nuestra sociedad la llegada de turistas. Canarias se convirtió en una tierra de oportunidades de trabajo. Hicimos en apenas dos décadas lo que teníamos que haber hecho en cien años, pero en algunos aspectos no supimos garantizar con suficiente solidez un desarrollo sostenible que garantizara oportunidades a las generaciones futuras. Nuestra población ha crecido muy aceleradamente -ahora mismo, funcionando nuestra capacidad productiva al cien por cien no tiene capacidad para llevar la tasa de paro por debajo de dos dígitos-.

El turismo es el motor de nuestra economía. Lamentablemente, no tenemos motores alternativos -los que han ido consolidándose no suficientes-. La situación geográfica, el clima, la biodiversidad, el cielo, el mar, la seguridad, las infraestructuras y el conocimiento acumulado nos convierten en uno de los principales destinos del mundo, pero no hay motores alternativos al turismo. Hay, eso sí, motores auxiliares que pueden ayudar; pero nunca sustituir. La construcción vinculada especialmente a la renovación y a la rehabilitación, el comercio, la economía verde, la economía azul, la economía relacionada con la observación del cielo y con el conocimiento y aprovechamiento del mar, las energías renovables, el sector primario, la industria ligera, África, el transporte y la logística son algunos de los nichos que complementan al turismo -pero no como quisiéramos ni debiéramos-.

El virus ha parado el turismo. Nos ha llevado a un cero turístico por primera vez desde que esta actividad es sostén de nuestra economía. Los insostenibles crecimientos poblacionales que estamos teniendo y el virus nos han dejado con más de quinientos mil parados en las Islas. Absolutamente insostenible e inasumible.

Ahora toca poner en marcha con urgencia pero con cautela el motor del turismo, para que ayude a dinamizar los sectores auxiliares de nuestra actividad económica. Francia, Italia y recientemente Madeira están poniendo en marcha medidas incentivadoras para atraer visitantes. Canarias debe exigir incentivos para atraer turismo local y peninsular que ayuden a que la actividad económica arranque y empiecen a aparecer oportunidades de trabajo.

Debe liderarse una reflexión serena pero inaplazable sobre el futuro que queremos para esta tierra. No podemos dejarlo para más adelante.