Ultramar

Recorrer La Isleta

02/02/2019

El acuerdo sellado esta semana entre el Ministerio de Defensa y el Cabildo de Gran Canaria que permitirá visitar, mediante cinco rutas guiadas, el paraje volcánico de La Isleta, hurtado a la ciudadanía desde hace más de cien años, cuando el terreno fue ocupado por los militares, allá por 1898, solo puede ser saludado con satisfacción.

Ahora, controlados y guiados, en un máximo de cincuenta al día, se nos permitirá admirar uno de los lugares más desconocidos de la isla, aun cuando es, chiquita paradoja, el mejor y mayor espacio libre que atesora el municipio de Las Palmas de Gran Canaria. Por fin, de manera pautada, con nuestros propios ojos, podremos darle la razón a Olivia Stone, aquella intrépida viajera británica que nos visitó en 1883 y que quedó cautivada, en sus paseos por La Isleta salvaje y volcánica, por este lugar que «penetra bruscamente en el mar, rompiendo radicalmente la redondez de Gran Canaria» y que «siempre cautiva (...) con sus picos que se yerguen orgullosos contrastando con el cielo del norte», atesorando valores paisajísticos, geomorfológicos e históricos, con plataformas rocosas, acantilados, malpaís, vegetación y fauna únicas y legados prehispánicos.

«El mejor y mayor espacio libre de la ciudad, el gran desconocido, ha de ser un gran parque»

El mayor conocedor de esta joya, el investigador y profesor universitario Alex Hansen Machín ya dijo que se trata de «un paisaje irrepetible en Gran Canaria, el islote volcánico más evolucionado y complejo de Canarias», «un espacio único que hay que proteger a toda costa», donde «tenemos los volcanes si no queremos ir a Lanzarote o Tenerife».

A la vista está, pues, que tal patrimonio, 462 hectáreas de paraje protegido, merece y debe ser disfrutado, algo hasta hoy vedado, dado el exclusivo uso militar que se le ha dado y que se le sigue dando, con las eventuales excepciones que nos anuncian. Algo es algo, y conviene felicitarse por ello, pero no lo es todo, porque, retomando lo pretendido por el Pacto por La Isleta suscrito en 1997, partiendo de la obligación de preservar el lugar como una pieza geomorfológica única, lo ideal sería apostar por su conversión en un gran parque multiuso, deportivo y de ocio, convirtiéndolo en punto referencial en el que concurran las ofertas necesarias para equilibrar los déficits de la ciudad.

Por cierto, esta misma semana el Ministerio de Defensa acordó ceder al Ayuntamiento de La Laguna 252.387 metros cuadrados. Bueno es, entonces, recordar que aquí seguimos a la espera de la cesión de los 40.000 metros cuadrados del antiguo acuartelamiento del regimiento Canarias 50, puerta de entrada de ese hito geográfico de escala insular, que, como dijera Juan Ramírez Guedes, director del Plan de Uso y Gestión de La Isleta, articula los dos frentes de la ciudad, idóneo para acoger un parque metropolitano y pieza fundamental de un proyecto de capital. La duda está, como nos decía Guedes, en la capacidad o incapacidad de construir ese proyecto, por no hablar de la falta de imaginación y generosidad.