Primera plana

Ramírez y Quique Setién

17/01/2020

El tiempo pone las cosas y a cada uno en su sitio. La Unión Deportiva Las Palmas navega en la Segunda División sin rumbo claro (más bien al estilo de un equipo de mitad de tabla cuyas expectativas no van más allá) mientras Quique Setién ficha como entrenador del Fútbol Club Barcelona. Ojalá el técnico cántabro triunfe en este club de solera mundial. Eso sí, pase lo que pase, ya puede lucir semejante renglón en su hoja de servicios. Nadie se lo quitará.

Miguel Ángel Ramírez en su día lo dejó escapar. No supo retener el talento. Eso es horrible en cualquier empresario o directivo. Se acaba pagando caro. Y en aquel intervalo que medió entre el culebrón de su marcha hasta que se consumió, advertimos que Setién no era un entrenador cualquiera. Oírle hablar en una rueda de prensa era una delicia que, por desgracia, no se prodiga. Claro y directo, con un discurso maduro y empleando un vocabulario fluido. No había duda: Setién es una persona inteligente.

«Setién jugó a la discreción. Ante Ramírez le valió la enseñanza de haber lidiado con Jesús Gil cuando el cántabro era futbolista»

Ramírez pensó que era una cuestión de dinero. Que con más chequera el míster se quedaría en el banquillo amarillo. Todo lo contrario. Setién estaba pidiendo que le ampliaran su campo de actuación y no estuviese sujeto a un círculo (la guardia pretoriana de Ramírez) que limitaba su margen de maniobra y la toma de decisiones. No estaba pidiendo más billetes. Pero Ramírez no lo vio, cosa que dice mucho de él. Y, no siendo menos, algunas de las personas con las que el presidente se rodeó se encargaron de que ni lo viera y ni siquiera reaccionara si es que en algún momento Ramírez llegó a dudar, o quizá le pudo el orgullo de no rectificar. Desde la lealtad perruna que destila la mediocridad, le vendieron a Ramírez que no se preocupara, que Setién era uno más y habría un reemplazo seguro. Tanta tuvo que ser la ola de incompetencia que incluso le dirían a Ramírez que Setién tuvo una dosis de suerte o que su buen juego y los resultados cosechados (la Unión Deportiva llegó a estar una jornada en la primera posición de la máxima categoría) era gracias al club y que encima menudo desagradecido es. Esta escena se tuvo que desarrollar en los despachos y en esas conversaciones paseando con el móvil por los que se sienten importantes frente al destino universal.

Ahora se concluye que, para empezar a hablar, Ramírez no tuvo empatía. Una virtud esencial en cualquier líder. Setién jugó a la discreción. Ante Ramírez le valió la enseñanza de haber lidiado con Jesús Gil cuando el cántabro era futbolista. Pronto tuvo que ver en Ramírez aquello que observó en el empresario de genio y latifundio en Marbella. Hoy la suerte del presidente de la Unión Deportiva y de aquel ambiente de directivos que le regaban el oído es otra. Aunque habla por sí misma. Tras la despedida de Setién el club amarillo bajó enseguida a la Segunda División. Y el entrenador está entre jugadores brillantes cuyos contratos son galácticos. Su criterio le permitirá afrontar el reto. Enhorabuena, Setién.