Un martes cualquiera

Quique Setién, el incomprendido

04/02/2020

Ahora es en el Barcelona, pero antes fue en el Betis y, primero, en nuestra UD. Quique Setién es un entrenador incomprendido, estoy seguro de ello. Porque solo desde la incomprensión se puede explicar que un equipo habituado al fútbol de plata y bronce en las últimas décadas no anteponga la continuidad del técnico que le ha elevado a los altares y lo deje marchar casi con alivio. Tampoco que una de las aficiones más carismáticas de nuestro fútbol no soporte a la persona que devolvió a su club a los primeros puestos de la élite nacional y que logró que la melodía continental resonase en el Benito Villamarín. Y es imposible entender que después de mil bostezos, la pérdida de una filosofía sagrada y la caída sin frenos del equipo que tiene en sus filas al mejor futbolista de la historia, los medios no permitan ni tres semanas de trabajo para atizar sin piedad al cántabro.

«Hizo que UD y Betis jugaran como nunca y lograsen resultados inéditos en décadas, pero no bastó. Y en el Barça se le exige ser Guardiola en 15 días»

Seguramente la mayoría sepan de lo que hablo, pero para los que anden más despistados en estos tema de la pelota, me refiero a Las Palmas, Betis y Barça, por ese orden. Los dos primeros deambulaban sin identidad antes de la llegada de Setién, pero con él revivieron las mejores épocas. Revalorizó a sus canteras, sacó la mejor versión de los pesos pesados, les dotó de un estilo de juego propio, valiente y estético, que enamoró al aficionado neutral, dejó partidos para el recuerdo en escenarios de enjundia y, por si fuera poco, consiguió resultados.

Pero no fue suficiente. Amasó en ambas etapas demasiado protagonismo y con su fuerte personalidad chocó con quien no debía. Suficiente para salir por la puerta de atrás, aunque eso trajera consecuencias que se podían prever. Ahora el club de nuestra tierra deambula sin pena ni gloria por Segunda, mientras que los sevillanos han cambiado de objetivos, con la permanencia como meta al tiempo que hacen el ridículo en la Copa. Y del juego mejor no hablamos.

Los que estén conociendo a través de estas líneas la trayectoria reciente de Setién no se lo explicarán. Incluso puede que piensen que soy un exagerado. Pero solo este cúmulo de extrañas circunstancias explica que tras cada despido, el siguiente destino de Quique haya sido de mayor calado. Porque sus ceses -o no renovaciones por mutuo acuerdo, como quieran taparlo- no han venido por fracasos, sino por una lucha de egos, de ver quién la tiene más larga.

Así se entiende que este enamorado del cruyffismo cumpliera su sueño con 61 años y haya dejado de pasear junto a sus vacas en Liencres para dirigir a uno de los mejores equipos del mundo. Pero la felicidad en el fútbol es efímera. No llevaba ni una semana y ya le pedían cuentas por ganar solo 1-0 al Granada. De repente a cierto sector del periodismo se le olvidó lo que hereda Setién, un conjunto de capa caída, sin nueve y con una directiva en continua pelea por superar el ridículo anterior. Y si el bueno de Quique no termina la campaña ganando el triplete y jugando como el Brasil de los 70, está fuera. Es su historia, la historia de los incomprendidos.