Cuentos Chinos

¿Quién controla a los chiquillajes?

10/08/2018
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Reconozco que el principal motivo por el que escribo este artículo es porque, quizás, me estoy empezando a hacer viejo y eso de entrar en la cuarentena y de verme las primeras canas asomando por mi cabeza, me está cambiando el chip. Pero cada vez que hay una fiesta abierta a todos los públicos, en la calle y de las que dan ganas de disfrutar, me topo con el mismo problema de siempre, los cariñosamente llamados chiquillajes.

«Me encanta que la gente salga y se divierta, pero eso no tiene que ser sinónimo de desfase absoluto»

Yo lo fui, y mucho. Era de esos que no se perdían ni una y que iba con mis amigos de siempre a cualquier fiesta, bolsa en mano, para echar algo y disfrutar de la bondad de salir al aire libre sin que te llueva o caiga nieve encima. Es que Canarias es tierra de eso, de fiesta, y por eso siempre he disfrutado al máximo de carnavales, romerías, conciertos, verbenas y demás familia. Pero yo no recuerdo que, en mi época, fuese sinónimo de jugarse la vida, entrar –por ejemplo– en la zona de los chiringuitos de carnavales, las verbenas o fiestas como La Rama. Es más, era más seguro y con mejor ambiente, estar tomando algo en los bochinches que en cualquier otro lugar. Pero de hace unos años acá, todo ha cambiado. Voy a los mogollones y si te das un paseo por los chiringuitos y pisas a alguien, te juegas que una banda de mataos sin camisa disfrazados de cualquier cosa te acorrale. Vas a La Rama, y a cualquiera se le ocurría ir al barranco donde los bochinches porque estaba lleno de adolescentes a tope de alcohol y otras cosas que hacen de aquello su cortijo particular. Es más, el problema es tan importante, que este año los quitaron porque era imposible garantizar la seguridad de la zona. Si te das un paseo por el carnaval de día o el fin de año veraniego de Vegueta, hay decenas de chiquillos arrastrándose al ritmo del reguetón y orinando en cualquier portal sin ningún pudor. Y todo eso sin hablar de conciertos en plazas, noches de San Juan o cualquier acto que sirva de excusa para cogerse una buena sin pasar controles de seguridad o tener que pagar un buen dinero por consumición.

Me encanta que la gente salga y se divierta, yo lo hago, pero eso no tiene porqué ser sinónimo de desfase absoluto y es penoso, pero cada vez son más habituales las imágenes de peleas masivas en zonas de ocio, romerías o fiestas populares. No hay que perder el norte y las autoridades deberían poner freno a estas conductas, pero sin prohibir ni eliminar actos. Hay que atajar el problema desde la raíz, fomentando el respeto a las fiestas, las tradiciones y potenciando valores como la educación y eso de disfruta y deja disfrutar.

Salgan mis niños, pero sean personas y no chiquillajes, de esos hay ya muchos, quizás demasiados.