Opinión

Qué será del periodismo

Se menciona con frecuencia que el periodismo está en crisis. A la vez que se subraya, y con razón, que es más necesario que nunca. Un horizonte lleno de oportunidades (quién diría que te puedan leer al instante en Boston) pero con ciertos dilemas (¿cómo hacer rentables los contenidos?). En esas estamos. Pero la crisis del periodismo, en realidad, no es ninguna novedad sino que es cíclica por no decir directamente recurrente. La excepción, la época dorada, fue la etapa anterior a la Gran Recesión de 2008; es decir, aquel periodismo industrial de consumo masivo hasta el estallido financiero simbolizado en Lehman Brothers. Pero lo vivido hoy por hoy no es ninguna novedad.

«Al periodismo lo amamos, a pesar de los sinsabores. Y para apreciarlo hay que tener una mirada social, una empatía, si lo prefieren decir de otra manera. Si no lo sientes, si no padeces, lo tuyo no es el periodismo»

Basta con leer Del periódico y de la política. El libro de la decadencia (Renacimiento, 2011) de Manuel Ciges Aparicio para bucear en las miserias de la redacción, las envidias entre tanto ego ensalzado, los meritorios en busca de oportunidades que no acaban de llegar por parte del director o, cómo no, las eternas presiones políticas. Un clásico con independencia de que sea una cabecera del tiempo galdosiano o una actual en la que se combina el soporte papel con el digital.

Si prefieren tomarlo por la parte cómica, que la hay, deténganse en la escena de la película Primera plana (1974) (¡cuántas veces la habré visto!) en la que la novia aguarda en el taxi a que llegue su prometido (interpretado por Jack Lemmon) que está escribiendo un reportaje y el taxista dice que no espera más porque está harto de que los periodistas sean unos mentirosos, que nunca pagan y que termina siempre de madrugada llevándolos a sus casas tras la jarana de sus copas en grupo a la salida del periódico. Son tantas las ocasiones en que me habré acordado de ese taxista...

Al periodismo lo amamos, a pesar de los sinsabores. Y para apreciarlo hay que tener una mirada social. Una empatía si lo prefieren decir de otra manera. Si no sientes, si no padeces, lo tuyo no es el periodismo. Aquí la frialdad no cotiza. Constantemente nos metemos a lo largo del día en Internet a ver la actualización última de los diarios, pero la lectura en papel sigue teniendo su aquel. Es el poder de la imprenta. Que viene a ser el atragantamiento matutino del dirigente de turno que no soporta lo que dice la portada. Y es así porque los plazos de los políticos y el de las rotativas no son los mismos. Son barajas distintas. Para un diario, ancha es Castilla. Algo que, por cierto, los responsables públicos suelen olvidar. Y jamás cambia.