Por si le interesa

Que no jueguen con fuego

05/09/2018

Gaumet Florido

Menuda la que nos espera. Se nos vienen encima dos años electorales cargados de soflamas, postureo, fake news, guerras intestinas, mítines encubiertos, inauguraciones, traiciones, tertulianos a sueldo, filibusterismo o posverdad. Una letanía que nos suena familiar, pero que en este nuevo ciclo que vive la realidad política española se verá intensificada por esa angustiosa necesidad que tienen los cuatro grandes partidos de este país de disputarse el espacio ideológico al que aspiran a representar, el de la derecha y el de la izquierda. ¿Quién dijo que murieron las ideologías?

Ganarán votos, no digo que no, pero el precio que acabarán pagando será muy alto. Peor aún. Lo pagaremos todos

A la vista está, a modo de aperitivo, la que ya se ha montado entre el PP y Ciudadanos. Nos han calentado el verano a base de bien. No se quedarán atrás el PSOE y Podemos. Démosles tiempo. Andan en plena tregua, saboreando aún las dulces mieles de una censura en la que casi nadie creyó, puede que ni el mismísimo Pedro Sánchez. Pero todo se andará. A poco que les llegue el aliento de las urnas, se tirarán al ring sin piedad. Con todo, esta dinámica, siendo cruel para el ciudadano, no deja de ser habitual y forma parte de la retórica propia del juego democrático.

El problema es que, desesperados por la necesidad, porque el trozo de la tarta está ahora más disputado que antes, se dediquen a jugar con fuego, a quebrar consensos que dañan el modelo de sociedad al que deberíamos aspirar. Ya lo están haciendo. Ya lo hicieron este verano. Critican a los independentistas porque han roto la convivencia en Cataluña y han dado lugar a una fractura social, pero los partidos nacionales parecen empeñados en perpetuar su ejemplo. Vale todo.

Y no me refiero a la decisión del Gobierno de sacar del Valle de los Caídos los restos de Franco, que, a estas alturas, pensaba yo, ingenuo de mí, no debía molestar a nadie más que a su propia familia. Me refiero a la gresca montada respecto a ETA y a sus víctimas, al indisimulado aliento de la xenofobia ante la llegada de inmigrantes, a la tentación de quebrar la lealtad al Estado en su estrategia frente al desafío secesionista catalán... Ganarán votos, no digo que no, pero el precio que acabarán pagando será muy alto. Peor aún. Lo pagaremos todos.