Primera plana

¿Qué le ocurre al periodismo?

11/01/2019

El canal generalista Cuatro no tendrá informativos. Inaudito. El entretenimiento gana otra batalla al periodismo, cuando una cosa y otra son totalmente distintas. La cadena nació antes de 2008 (el curso de la doble crisis: económica y digital) y el rostro de sus informativos fue, nada más y nada menos, Iñaki Gabilondo que para semejante aventura dejó la SER. El Grupo PRISA, dueño entonces de Cuatro, hace poco se cargó a Juan Luis Cebrián y busca ahora cómo lograr la rentabilidad necesaria y ha ido deshaciéndose de activos como Canal+ vendida a Telefónica. Hoy detrás de Cuatro está el productor de origen italiano Paolo Vasile que es el gran industrial del entretenimiento televisivo.

Un periodista se distingue por ser capaz de generar contenidos: cuántos y de calidad. Es lo que le diferencia de la infantería del corta y pega de las noticias de agencias. El problema está en que en el universo de las cabeceras las redacciones, sobredimensionadas durante la burbuja inmobiliaria, se están coinvirtiendo en páramos donde se torna complicado realizar periodismo de investigación, hacer una ruta a un pueblo del interior para hacer un reportaje o tener tiempo para una entrevista que no sea un mero cuestionario telefónico. A esto hay que añadirle la dualidad laboral en la que conviven los salarios dignos de los veteranos con la legión de precarios. Los primeros, los que resultan más caros para la empresa, pugnan por sortear la marea. Los segundos desconocen cómo a su pasión podrán garantizarle desarrollar un itinerario vital propio de la clase media llegados a la treintena o más. Así que la lógica que se impone paulatinamente es contar con una estructura de mínimos (en la era digital se estructuran los contenidos a una velocidad envidiable) que, eso sí, asegure un sello de distinción. No es fácil pero si acaso es la única forma de hacer frente al desafío.

«La máxima de que el periodismo es más necesario que nunca es irrefutable»

La máxima de que el periodismo es más necesario que nunca es irrefutable. Su demanda persiste y, de hecho, crece. El dilema es la sostenibilidad. Pero si por ejemplo las versiones digitales de los periódicos se ciñen a acumular visitas del modo que fuera, su irrelevancia acabará por engullirlo. Un diario, en el que desde las revoluciones burguesas reposan ideas y una estructuración sobre la sociedad, no tiene que contentar al vulgo o a la masa (léase actualmente ciudadanía) sino influir en ella. Si en la página web te limitas a anunciar que un perro ha sido encontrado en la calle o si un británico ha descubierto su esterilidad por lo que no pudo tener los hijos que creyó tener, estás perdido. Los mismos que hoy te leen mañana ignorarán tu línea editorial. No habrá negocio. El político dejará de llamarte. Su tranquilidad será tu insignificancia