Ó. SAMPEDRO

Las puertas cerradas

Siempre me preguntan qué tal es este mundo. El periodismo mola y satura. Hasta te consume. Suele sacar la guillotina de la inmediatez. Tiene tantas cosas buenas como malas

Kevin Fontecha
KEVIN FONTECHA Las Palmas de Gran Canaria

Junto estas letras consciente de haber cumplido un sueño. Porque aquel niño que creció entre quiebros del Parque Azul y comenzó a madurar en el López Socas consiguió lo que un día dibujó en su alborotada cabeza. Ha pasado tanto tiempo ya, que no recuerdo cuándo quise ser periodista. Pero le puse empeño. Y eso que yo nunca fui de los que aprobaban a la primera. De hecho, había en el Pablo Montesino quienes no daban un viejo duro por mí.

En el bachillerato, luego de divertirme más de la cuenta, me tocó repetir primero. Hubo varias profesoras que no se cansaron de decirme que sería un fracasado. Amargados hay en todos lados. Me sirvió para coger fuerzas. Al final ganó la otra vertiente, la que sabía que dentro de mí había cierto potencial. Nicolás, mi tutor y profesor de educación física, siempre apostó por mí. También Carmen, la de inglés, que sabiendo de mis peleas con su idioma fetiche me dio un empujón. Santiago, el de lengua, vio luz desde el primer momento. También lo fue para mí. Me invitó a escribir siempre y a dejar volar la imaginación. Si hasta me citaba como ejemplo en algunos comentarios de texto de los exámenes que holgadamente superaba. Reforzó mi moral y ego en momentos de gran incertidumbre. Gracias, allá donde estés.

No tardé en ejercer. Fue graduarme y abrirse la puerta de CANARIAS7. Desde entonces han pasado cinco años. Cómo corre el tiempo. Ha habido momentos y momentos. No todos buenos, claro. Echo la vista atrás y veo dando tumbos a muchos de los compañeros con los que aprendí en Málaga y con los que conviví. Mucha familia que uno elige sin posibilidades para disfrutar de lo nuestro. Solo unos pocos privilegiados tuvimos opciones.

Tengo amigos obligados a emigrar a distintos puntos del mapa en busca de una vida mejor. Gente brillante, con una inteligencia exultante. Calvache, que hace camino ahora en Estados Unidos, pasó antes por Sudáfrica o Cork. Serrano, lo mismo. En Berlín encontró el sitio que merecía profesional y económicamente. Requena tuvo que probar fortuna en Múnich. Evidentemente, ninguno como periodista. Dela, opositando para un Estado que se olvidó, por momentos, de las carreras con vacíos profesionales. Manolo, un trabajador ejemplar, partiéndose el lomo en el Carrefour en unas condiciones surrealistas. El Cadáver, en pleno pleito con su empresa, la más parecida al periodismo en todo: también en las condiciones laborales y salariales. Beltrán, dando cursos de arte dramático. Vane, tranquila en el aeropuerto.

Siempre puertas cerradas. Así se podría resumir todo. También el periodismo luego de que estallara la pandemia del coronavirus. Que lo pregunten en Barranco Seco, donde los entrenamientos parecen invisibles para los medios de comunicación. Con el candado echado y unos futbolistas cada vez más alejados. Menos humanos. Aunque en el vestuario de la UD Las Palmashay seres maravillosos. El virus obligó a reinventarse al periodismo de la imaginación, que no al de la invención. No todo vale. Ya lo decía el rey de esto, Gay Talese:«Sin pisar la calle no te enteras de nada». De eso, uno de los máximos ponentes de la profesión, sabía un huevo.

Siempre me preguntan qué tal es este mundo. Es bonito. A mí desde pequeño me gustó escribir. Tal vez nunca supe que esa era mi vocación. O puede que sí. Al final me decanté por esto. Otra cosa es cuando algún niño o niña, o sus padres, me cuestionan si es la carrera indicada para elegir. Ahí siempre soy franco. Las posibilidades para encontrar un puesto de trabajo son escasas. Casi remotas. Que se lo digan a mis amigos, todos mejores que yo, claro está. Y tampoco te vas a hacer rico en un periódico. Acabas haciendo cuentas.

Ese niño que sigue habitando dentro de mí todavía sueña con contar un ascenso de su equipo. La temporada pasada se volvió a cerrar la puerta. Siempre en la cara y siempre sin miramientos. Esta campaña la cosa va bien, pinta a que las frases de la crónica final pueden ser poesía. Otro que echó el pestillo fue Valles, con el candado sobre su arco para que nadie bese su red. Pero todos sabemos lo rápido que cambia todo, así que vamos a vivir el momento. Hoy estamos aquí y mañana vete a saber. La puerta siempre se cierra, pero las ventanas abiertas arrojan luz. El periodismo mola y satura. Hasta te consume. Suele sacar la guillotina de la inmediatez.